• Hacia una nueva alternativa revolucionaria

    El enemigo siempre aprende de la historia, modifica sus métodos y tácticas, para sostener o recuperar su dominación sobre los pueblos americanos. 

Fecha de Publicación: 21-10-2026

Por Francisco Ramos -FSN-CABA

En nuestra historia americana y de la humanidad siempre hubo tiempos calmos y revueltos, de paz y de guerra, diferentes momentos que no se miden con la vara biológica del ser humano, sino en décadas y centurias, eras y edades, pero dentro de una disputa permanente de intereses. Cómo dijo hace tiempo K. Marx "la lucha de clases es el motor de la historia", porque siempre existieron pueblos conquistadores y otros pacíficos, obligados a defenderse de la violencia foránea. Y en nuestra América, más allá de las luchas internas entre las diferentes tribus y culturas precolombinas, a partir de 1492, marineros foráneos europeos comenzaron una serie de viajes de invasión y conquista para sacar rédito material, individual y para la Corona. Por eso, estás tierras, junto al continente africano y Asia, en esa concepción eurocéntrica, fuimos considerados la periferia dependiente del mundo, y ese mundo era occidental y europeo, un centralismo que nunca habían tenido, logrado a costa de la sideral expoliación mineral de esta periferia dependiente, de la que aún formamos parte.

Y como pueblos sojuzgados, allá por 1780 en las tierras incaicas del Cuzco, comenzó la primera rebelión mestiza contra la dominación realista de la monarquía española, con el liderazgo de Tupac Amaru II. El Virreinato del Perú y del Rio de la Plata, a partir de 1776, eran una misma Pacha común que los reyes consideraban sus provincias de ultramar, pero nuestra historia no había empezado con su llegada, las culturas ancestrales tenían siglos de existencia aquí en Abya Yala.

Pero los pueblos siempre resisten cuando quieren dominarnos. A principios del siglo XIX en el Río de la Plata, las milicias populares formadas por indios, mestizos, zambos, negros esclavos y nativos descendientes de españoles, que defendieron en dos oportunidades (1806-07) la pequeña aldea de Buenos Aires contra las invasiones piratas, fueron semilla del primer movimiento independentista de Mayo (1810) que luego se prolongó en las batallas emancipadoras y la gesta sanmartiniana-bolivariana. Ese primer intento criollo de Libertad fue derrotado por las oligarquías locales y la diplomacia británica, que colaboró activamente para dividir la Patria Grande en 20 repúblicas, peor aún, en 1864 logró unir tres naciones (Argentina, Brasil y Uruguay) contra el pujante Paraguay industrial en una carnicería vergonzosa que podríamos llamar, no de la “Triple Alianza” sino de la “Cuádruple Infamia”, justamente por el rol decisivo de Inglaterra en esa masacre del pueblo guaraní.

 

Durante ese siglo XIX, el colonialismo británico hizo estragos en varias latitudes y formó escuela en la América del Norte, que se convirtió en su mejor alumno ya en el siglo XX, desplegando todo su potencial bélico al sur del rio Grande y el resto del mundo. El Imperialismo yanqui impuso su posición unipolar hegemónica de dominación sobre el mundo occidental, pero a pesar de ello, en los años 60 y 70 hubo una gran avanzada popular, muy importante en Argentina y otros países americanos, que obligó al Gendarme del Norte y la CIA a desplegar el llamado Plan Cóndor de represión coordinada en esos países, para eliminar la lucha encabezada por varias organizaciones políticas y militares de aquella época. Podríamos identificar ésta, como la segunda oleada combativa por la segunda independencia, que sin embargo también fue derrotada por una serie de terribles dictaduras genocidas, con su tendal de miles de perseguidos, torturados, desapariciones, masacres y crueles asesinatos.

Todos los procesos democráticos surgidos al finalizar esas dictaduras estuvieron condicionados, dejando una conclusión no expresa aunque muy marcada en el tejido social: fue un “Nunca Más” a la violencia del enemigo y el Terrorismo de Estado (no más golpe de Estado por la fuerza), pero por extensión también a la violencia del pueblo organizado contra ese enemigo.

El movimiento de Derechos Humanos aquí en nuestro país, encabezado por Madres, Abuelas y Familiares de detenidos desaparecidos, realizó una enorme tarea desde los tiempos de la misma dictadura, y ya durante el primer gobierno electo por el pueblo en 1983; además de “Aparicion con vida” y la incansable búsqueda de sus familiares, comenzaron a exigir Juicio y Castigo a los culpables, un proceso que hoy, lleva más de 1200 represores condenados por delitos de lesa humanidad, que es un ejemplo mundial e histórico de las políticas de Memoria, Verdad y Justicia contra la impunidad y la barbarie.

Sin embargo, ha quedado en gran parte de la sociedad, e incluso de la militancia popular, cierta precaución, no sólo de reivindicar el ejemplo de lucha de aquella generación, sino de no repetir los caminos violentos del pasado reciente. Por un lado, se repudia la teoría de los dos demonios, esgrimida abiertamente por los sectores oligárquicos dominantes, pero por otro, se la admite en la práctica política, sin decirlo, como causal de la posterior represión.

Por lo tanto, hemos transformado a nuestros compañeros luchadores en víctimas, y no en combatientes contra un sistema opresor injusto al que confrontaron. Porque sin enfrentamiento no es posible otra forma de vida, otro sistema, independiente del Imperio y de sus alfiles locales, aquella Patria Socialista por la que lucharon y les arrebataron sus vidas.

Esa conclusión derrotista de no molestar al poder, quedó marcada a fuego en el inconsciente colectivo y de cierta militancia popular.

El tema de la violencia original del sistema está muy claro, pero la justa respuesta contra esa violencia por parte del pueblo, para sacudirse de encima el yugo de la opresión capitalista, bajo qué condiciones y con qué métodos, es aún una asignatura pendiente del campo popular, a la luz de la historia y las lecciones aprendidas. Habrá que superar, por ejemplo, el sectarismo de otrora, las infiltraciones del enemigo y la soberbia entre compañeros/as y organizaciones; hablar del tema de la violencia, dejar que sea tabú en la militancia y mucho menos, una amenaza del enemigo para anular toda ofensiva popular.

Mientras tanto, el enemigo siempre aprende de la historia y modifica sus métodos y tácticas, con la finalidad estratégica de sostener o recuperar su dominación sobre los pueblos americanos. Lo hemos sufrido muy recientemente en Venezuela, tras haber intentado de varias formas controlar al chavismo, (como lo vienen haciendo con Cuba) por fin lograron en un golpe de “guerrilla internacional”, entrar a sangre y fuego en Caracas, secuestrar a su presidente y esposa, y retirarse, para así condicionar y arrodillar a la Revolución bolivariana, después de 20 años en el poder. Pues aprendamos del enemigo entonces, analizando la historia, sus enseñanzas y la actual situación para modificar todo lo que haya que cambiar en pos de construir, con lo que tenemos y las nuevas generaciones, una nueva alternativa de poder popular.

De tanto en tanto la vieja y “civilizada” Europa nos sacude el tablero con sus violentas manifestaciones callejeras, como en estos últimos días, y volvemos nuestra mirada incrédula de semejante reacción popular. ¡Que dirían nuestros Medios enemigos y amigos si nuestras marchas no fueran pacíficas y si nos atrevieramos a responder sólo un poco a la tremenda violencia que recibimos! Algunos Medios condenan más a las piedras de nuestro lado, que al tremendo aparato estatal de represión (y su costo) desplegado en cada marcha de protesta.

Sabemos que no es el mejor momento para el campo popular, pero que tampoco partimos desde cero, sino que somos producto y continuidad de una resistencia Popular de siglos, que no podemos ignorar ni despreciar; tantas luchas y batallas, derrotas y triunfos, tanta sangre derramada con aciertos y errores, planteando teorías revolucionarias para prácticas revolucionarias, razón y acción en tiempos difíciles de reflujo, a la defensiva desde aquellas dictaduras que se llevaron a nuestros compañeros, pero no sus sueños, que son los nuestros, y de muchas generaciones que vinieron detrás, condicionadas como la democracia misma, una democracia de la derrota, capitalista, frágil, sobrevaluada y no cuestionada, como si no pudiéramos mejorarla, dignificarla, socializarla. Una democracia que no lo es, porque la han convertido en plutocracia, una fachada sin mas alternativa que votar cada dos años y delegar las leyes y decisiones que rigen nuestras vidas, en una manga de corruptos.

El estatuto permanente de la Dependencia, que plantea convivir con el enemigo, sin afectar sus propiedades y riquezas, se ha convertido en un abierto sistema de entrega y coloniaje, que nos obliga a repensar si esta falsa “democracia” nos sirve a los pueblos. Si el llamado progresismo político “electoralista", que nunca está dispuesto a sobrepasar sus propios límites ideológicos para enfrentar al enemigo, tiene alguna respuesta que ofrecer. Y si por ende, esta democracia transformada en plutocracia, sólo es un instrumento válido para la avanzada imperialista continental, que sólo nos plantea resignación, en nuestro rol asignado de esclavos digitales, sin derecho a imaginar siquiera que otra vida es posible, y mucho menos a preparar una tercera oleada histórica de rebelión, que los pueblos necesitan con urgencia, porque la lucha contra la injusticia es permanente.