• Cuál es la Situación internacional 2

Fecha de Publicación: 24-09-2026

Documento Oficial del FSN

La militancia popular que compone el Frente por la Soberanía Nacional expone al conjunto del pueblo argentino un pequeño documento en el que tratamos de sintetizar los puntos que describen la situación actual. Quisimos abarcar la disputa central y las implicancias directas en el mundo, América latina y nuestro país en particular.

 

 

En el actual escenario mundial multipolar, con diferentes bloques de poder comercial/armamentista, constituidos de hecho a nivel global en este primer cuarto de siglo, el otrora gendarme del difunto mundo unipolar, vive la encerrona de su propia e inevitable caída como Imperio hegemónico.

El apoyo bélico de EEUU y Europa en la guerra de Ucrania frente a Rusia, la embestida contra la República Islámica de Irán por el petróleo y dominio del estrecho de Ormuz, y el secuestro del Presidente Maduro han replanteado todo el panorama político del mundo occidental en los últimos tiempos.

El Imperialismo yanqui se encuentra en una etapa de crisis tan profunda, que invalida directamente a las repúblicas y las democracias como sistema político institucional de “sus” países dominados. El único consenso que parece haber, aun cuando el discurso se cuida muy bien de expresarlo, es que la democracia ya no es un sistema adecuado para sostener la continuidad del imperio del capital en su etapa más salvaje, el predominio del capital financiero, lo fondos de inversión globalizados.

Se ha desmantelado en los hechos la superestructura legal del Derecho Internacional, construida después de la Segunda Guerra Mundial, a través de organismos internacionales como la OEA y la ONU. El imperio norteamericano se enfrenta a su decadencia, empujado por el ascenso de China y otros centros de poder, como los BRICS, y el nacionalismo de los países europeos (en especial Alemania) que no atinan a encontrar un lugar en la nueva arquitectura mundial.

Estamos en un momento de destrucción del viejo orden sin verse aun con alguna claridad cuál será finalmente la forma que adopte la organización del planeta en el futuro. Una vez más, la “solución militar” parece ser la única herramienta del sistema dominante, tanto del imperio norteamericano como de las elites europeas. Alemania reconvierte su industria automotriz a la industria de armamentos, varios países de Europa siguen ese camino ante la crisis de la OTAN, mientras sus pueblos protestan en las calles ante el renovado guerrerismo.

Japón abandona su renombrado pacifismo y autoriza la producción y exportación masiva de armas por primera vez desde su derrota en la Segunda Guerra. En general estos países altamente industrializados vislumbran la salvación de su descalabrada economía por medio del negocio de la guerra. Acuden así a soluciones eficientes en el pasado en medio de problemas muy nuevos y diferentes a los afrontados entonces.

Claramente, hablamos del llamado Occidente, dado que lo que sucede en Oriente es muy diferente y merecería un análisis particular, aun cuando en realidad lo que allí sucede, en gran parte, es la causa de la crisis de Occidente.

El neoliberalismo extremo ultra financiero no es compatible con los más básicos formatos democráticos, ya que la expoliación y concentración que despliega va de la mano de una represión ascendente, con plena participación de las fuerzas de seguridad internas contra la propia población saqueada que sale a protestar. Para decirlo en otros términos, la democracia es un obstáculo por los esfuerzos de consenso que demanda. Allí es donde la tecnología interviene para colonizar la subjetividad, de tal modo que la “felicidad” se asuma como sentimiento real a partir de la no necesidad de tomar decisiones y vivir, por ejemplo, de la Renta Básica Universal.

Los centros de poder financiero tratan de explicar el ascenso del gigante chino, interpretando que el PCCh es en realidad una élite gobernante que conculca las libertades individuales para consolidar y mantener su dominio, y que su economía es posible gracias a esa “dictadura”, mientras desarrollan modelos posibles sobre la base de la desaparición de la democracia como sistema político y la tecnología digital como piedra filosofal.

Con este panorama, hace poco las fuerzas progresistas mundiales se dieron cita en Barcelona para organizar una agenda que haga frente al Imperio en decadencia y establecer relaciones más justas a nivel global. Se trata de la IV Reunión en Defensa de la Democracia, conocida como la Cumbre Progresista de Barcelona en la que participaron unos 15 jefes de gobierno y referentes de partidos opositores, recibidos por el anfitrión, el jefe del gobierno español Pedro Sánchez. Allí expusieron y debatieron líderes latinoamericanos como el derrotado Gustavo Petro, Claudia Sheinbaum, Lula Da Silva, Yamandu Orsi, el gobernador de Bs.As. Axel Kicillof y una representación del PJ Nacional, entre otros. La Internacional Progresista impulsa acuerdos y consensos para realizar redes efectivas de cooperación que gambeteen las sanciones comerciales del Imperio y las consecuencias de las guerras promovidas por el eje anglo sionista.

Sin embargo, las posturas progresistas históricamente no han ofrecido a los pueblos una clara alternativa a la mera administración de las sobras del banquete de los poderosos, que no discute la riqueza ni propone romper las estructuras de poder imperialista que exprime a pueblos y naciones oprimidas que luchan por su Soberanía, en contra de sus propios gobiernos cipayos y entreguistas.

Por otro lado, se ha reunido en Moscú, el Sovintern, un camino al Nuevo Socialismo del Siglo XXI, que busca aglutinar a los partidos comunistas, socialistas y progresistas de todo el mundo en la construcción de una alternativa política, que puede ser un buen intento en ese sentido.

No obstante, está pendiente lograr la unidad y coordinación de las fuerzas soberanistas y revolucionarias en cada nación americana y a nivel continental para confrontar al enemigo imperialista y no caer en nuevas frustraciones.

El extraordinario desarrollo de China ha plantado un mojón, que muestra que el planteo del sistema socialista es absolutamente posible en los próximos años, algo que ya se había proclamado en la década de los 70. Es importante conjugar estos planteos con el proceso de liberación que vive África, que es distinto a aquellos primeros tiempos de descolonización.