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Las bases
Fecha de Publicación: 24-09-2026
Por Armando Benítez-FSN-Chaco
En la decadas de los 60, 70 una de las palabras más utilizadas en la militancia sindical y política eran las bases, que eran el conjunto de adherentes, por lo general afiliados a un sindicato o a un partido político.
En la teoría y pocas veces en la práctica, eran las que decidían la lineas de acción de su sindicato o partido, por lo general a través de elecciones internas, congresos y asambleas.
Los representantes ya sean delegados, miembros de comisiones directivas de sindicato o autoridades partidarias deben (o deberían) cumplir con los mandatos de las bases.
En el ámbito sindical, los representantes podían negociar acuerdos con las patronales, acuerdos que quedaban sujetos a la decisión final de la asamblea de los afiliados. En el ámbito político los representantes en los poderes ejecutivos o legislativos debían manejarse de acuerdo al programa del partido, a las resoluciones de sus congresos.
Hoy pareciera que las bases no existen, ya no se escucha de la boca de los representantes ya sean polítcos o sindicales, “debo consultar a las bases”, a lo sumo se escucha “veremos que deciden los cuerpos orgánicos” por lo general cuando van a dilatar una decisión.
La “Ley Base” fue una de las victorias del actual gobierno libertario, que tiene para ellos un significado distinto al que se aprende cuando uno recorre la historia sindical del país, los libertarios antes era una denominación de una parte de los anarquistas, ahora son la expresión de la ultraderecha.
El pueblo, era el protagonista de la soberanía popular, hoy el presidente dice que obra de acuerdo a los que quieren los hombres de bien. Según el diccionario, un hombre de bien es una persona honrada, respetable y de buenas costumbres que actúa con rectitud y evita hacer el mal.
Ese es el concepto que usaban los conservadores cuando sólo votaban los hombres que sabían leer y escribir, no es caprichosa la forma de dirigirse del presidente a una parte del pueblo, es profundamente ideológica.
Ni el presidente ni su entorno hablan de las bases, ni siquiera de su partido, “la ciudadanía me votó para hacer lo que estoy haciendo” Pero que los libertarios no hablen de las bases no es el problema, el problema es que ni los sindicatos ni los partidos políticos, que dicen ser oposición, no recojan, no ya el mandato, sino el clamor de las bases.
La clase trabajadora no puede ejercer plenamente su soberanía, ni en los sindicatos ni en los partidos, todo su poder ha sido delegado, a través de elecciones, congresos o asambleas, todas formales y controladas por el aparato que construyeron las burocracias.
El poder del pueblo está atomizado, el capitalismo ha impuesto su plan en los hechos y en la cabeza de los habitantes, en la subjetividad, a eso la han denominado la batalla cultural.
El capitalismo es caníbal por excelencia, no hay límites para la concentración del poder, y así es como se come a sus propias bases. Lo que les ocurre a las pymes y a las industrias locales, la concentración del capital los deja afuera.
El avance del sistema se ha ido desarrollando a los largo de décadas, hasta obtener el producto que deseaba: el cliente político. Es un individuo, es lo que se denomina en los partidos políticos “el puntero”. En los sindicatos siguen denominando “delegados sindicales”, pero ahora no representan a las bases, ahora representan al secretario general ante los afiliados.
En muchos sindicatos y también en los partidos los cargos son hereditarios de hecho. Así es como el acomodo, el nepotismo son casi hechos naturales.
Lo mismo ocurre en el interior de las clases dominantes, pero ahora son los magnates tecnológicos, los primero trillonarios los que quieren manejar no sólo las finanzas, quieren manejar todas la producción, para los cual la IA es su herramienta más eficaz. La producción capitalista está muy marcada por las guerras y son los conflictos bélicos los que necesitan las nuevas tecnologías.
Las bases deben recuperar su participación en las decisiones, deben recuperar la soberanía y esto significa nuevas organizaciones, nuevos ámbitos. Así como a los súper ricos no les sirven más estos remedos de democracia, al pueblo tampoco le sirve este sistema corrupto y prebendario. Se impone la construcción de algo nuevo, llámese como se llame.
Hace falta estudiar la realidad y la historia, desde un nuevo punto de vista, es de la práctica de donde deben salir las nuevas formas de participación y decisión soberana. Volver a las bases no es una consigna retrógrada, porque ahora no se puede ignorar el desarrollo tecnológico hoy una asamblea, o una consulta vinculante se puede realizar a través de internet.
Solo con el ejercicio de una nueva democracia participativa el pueblo podrá recuperar su poder soberano, en medio de un cambio civilizatorio esto es necesario y posible.