• Hay que militar la ternura

Fecha de Publicación: 26-08-2026

 Por Armando Benítez-FSN-Chaco

Hay que endurecerse sin perder la ternura jamás!”

Los sobrevivientes de la última Dictadura tienen memoria que deben traspasarla a las nuevas camadas de militantes.

Nuestro Pueblo está viviendo con miedo, con tristeza, con desesperanza porque el nivel de vida sigue descendiendo y el gobierno los culpa de su desgracia.

En los 70 se vivió una situacion así, por eso las ollas comunitarias, los dispensarios y el apoyo escolar entre otros,  fueron ejes de una militancia generosa, que en el tiempo que no se estaba en clase, se estaba en el barrio.

Las militantes y los militantes populares, revolucionarios eran jóvenes audaces y convencidos de que se podía construir otra sociedad en la que no habría la opresión del capitalismo.

Jovenes profesionales de la medicina iban a los barrios y atendían en improvisados consultorios médicos a niños, ancianos, embarazadas, por lo general después algún compañero o compañera los acompañaban al hospital para sacar turno y que sean atendidos por los especialistas.

Otros, todos los días salían a pedir a los comerciantes su apoyo para poder hacer la olla, los obreros de la carne aportaban lo que podían y así salían riquísimos guisos hechos con las manos expertas de las compañeras del barrio, con cebollas, papas, zapallos pelados y cortados por manos de estudiantes universitarios o secundarios.

Se iban conformando comunidades, en el Lote 170, en Villa Pegoraro, en Villa Adelante, Don Enrique o el Mariano Moreno, por citar algunos de los barrios de Resistencia, en los que en esa época se soñaba y se creía posible hacer la revolucion que faltaba.

El dolor es más fácil soportarlo con compañía, la tristeza se revierte con la risa. Las experimentadas mujeres que manejaban las ollas comunes se reían del jovencito de clase media al que la cebolla lo hacía llorar, no era burla, era la alegría de compartir, “tomá, pone un pedacito de pan en tu boca y vas a aguantar…”

Eran tiempos en los que a pié se recorrian 30 cuadras para concurrir a una plaza donde se homenajeaba a Evita, o se hacía un acto de apoyo a la Revolución Cubana.

Hoy el sistema hace que cada individuo se aguante en soledad sus padecimientos, algunos no resisten y lo suicidios aumentan, porque no aguantan vivir así, a eso induce este sistema oprobioso.

Hoy en los barrios hay muchas personas que necesitan que los ayuden a manejar el celular, porque “hoy todo se hace on line, tiene que instalar la aplicación…” son las indicaciones a un jubilado de 70 años que tiene miedo de hacer macana, y ahí hay que estar.

Los sectores de clase media, como los estudiantes universitarios que todavía no están acuciados por el hambre deberían ir en ayuda de su prójimo, ya hay muchos que lo hacen, pero no es caridad lo que se necesita, es solidaridad.

Se necesita amor, ese que significa el reconocimiento del otro, ese amor que nos potencia, que nos da fuerza para hacer política. Los pobres y mucho menos los indigentes no están representados por la política, hay que ponerse a su servicio para que lo puedan hacer y que sus demandas sean un mandato vinculante.

Hay que rescatar de la historia todos los sueños, hay que llevar el arte y la cultura a los lugares donde hace falta, músicos, payasos, títeres , no hay que esperar el Día del Niño, los niños ven violados sus derechos todos los días.

Son muy tristes las historias de la realidad, hay chicos que no van a clase en invierno porque la escuela ya no tiene comedor y ellos no tiene zapatillas.

En vez de “ferias de garaje” hay que buscar la forma para que las necesidades se entrecrucen, se resuelvan problemas con generosidades, el pueblo debe resolver de forma autónoma sus problemas, hay en la actualidad muchos locales sindicales vacíos de gente, hay centros de jubilados donde no hay actividades.

Hoy reactivar una cancha de bochas, un costurero, una canchita de futbol 5 es una necesidad, el joven que va a realizar su aporte a estos lugares se sentirá útil y podrá soñar.

Hoy soñar es revolucionario, hoy militar la ternura es urgente. Como se escribía en aquel mayo francés: “Seamos realistas pidamos lo imposible!”