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El imperdonable error del llamado Occidente
Fecha de Publicación: 17-08-2026
Por Koly Bader-FSN-Tucumán
Las salidas que hoy ensaya la intelectualidad de derecha son diversas, pero comparten un rasgo común: la desorientación. No existe un proyecto claramente dominante porque una parte significativa de ese pensamiento quedó atrapada en sus propios pronósticos fallidos. Durante décadas se anunció el fracaso de China por dos razones supuestamente insalvables: la ausencia de democracia liberal en los términos occidentales y el peso de la planificación estatal en la economía. Sin embargo, la experiencia histórica mostró lo contrario. El extraordinario desempeño chino desde las reformas iniciadas en 1978 no sólo desmintió la tesis del colapso, sino que puso en cuestión la idea de que el desarrollo capitalista exitoso exige necesariamente democracia liberal, privatización plena y retiro del Estado. Autores como Giovanni Arrighi, en Adam Smith en Pekín, leyeron el ascenso chino como una transformación de alcance sistémico; Martin Jacques, en When China Rules the World, sostuvo que China debía comprenderse como una civilización-Estado con una trayectoria propia; y Daniel A. Bell defendió la necesidad de analizar sus instituciones políticas sin reducirlas mecánicamente al molde liberal occidental. En la misma línea, investigaciones sobre el llamado “modelo chino” destacan que su desarrollo sostenido expresa una relación específica entre Estado, sociedad y mercado, distinta del Consenso de Washington y difícil de explicar desde los dogmas neoliberales tradicionales.
El éxito de China es precisamente lo que vuelve insuficiente esa lectura. No se trata simplemente de una “dictadura” que crece porque reprime, sino de una forma histórica de capitalismo de Estado capaz de combinar planificación estratégica, apertura controlada al mercado mundial, inversión pública, disciplina industrial y aprendizaje tecnológico. Enrique Dussel Peters, al analizar el “capitalismo con características chinas”, subraya la omnipresencia del sector público, el escalamiento tecnológico y la creciente centralidad global de China como rasgos decisivos de su desarrollo contemporáneo. Del mismo modo, los estudios de Minglu Chen y David S. G. Goodman advierten que el rápido crecimiento chino desde 1978 sugiere un patrón propio de articulación entre Estado y mercado, más complejo que la simple oposición entre planificación y libre mercado. Esta evidencia es la que desarma la comodidad ideológica de quienes esperaban que el Partido Comunista Chino se derrumbara por no ajustarse a los cánones institucionales de Occidente.
Por eso, cuando ciertos teóricos próximos al poder real —es decir, a los capitales concentrados— concluyen que la democracia es un obstáculo por los consensos que demanda, parten de una premisa equivocada. Confunden la eficacia estratégica del Estado chino con una receta autoritaria exportable y reducen el problema político a una cuestión de control social. Allí aparece la tecnología digital como nueva piedra filosofal: no ya como instrumento de emancipación o planificación racional de la vida común, sino como mecanismo para colonizar la subjetividad, administrar deseos y producir una “felicidad” pasiva, asociada a la no decisión y eventualmente a dispositivos como la Renta Básica Universal. El punto decisivo, sin embargo, es otro: China no triunfó a pesar de la planificación, sino en buena medida gracias a una planificación flexible que supo usar el mercado mundial sin quedar subordinada a él. Ese resultado incineró los manuales de quienes anunciaban su fracaso y obligó a Occidente a enfrentar una verdad incómoda: el capitalismo liberal ya no posee el monopolio de la eficacia histórica.
Autores citados y obras referidas
- Giovanni Arrighi: sociólogo y economista político italiano, asociado a la teoría de los sistemas-mundo y profesor en la Universidad Johns Hopkins. En Adam Smith en Pekín: genealogías del siglo XXI interpreta el ascenso chino como una transformación de escala histórica que obliga a revisar la centralidad occidental y el sentido tradicional del capitalismo moderno.
- Martin Jacques: periodista, ensayista e intelectual británico especializado en China y globalización. En When China Rules the World sostiene que China no debe ser entendida como una nación-Estado occidental más, sino como una civilización-Estado con una trayectoria histórica, cultural y política propia.
- Daniel A. Bell: teórico político canadiense, profesor de teoría política y estudioso del pensamiento político chino contemporáneo. En The China Model: Political Meritocracy and the Limits of Democracy analiza la meritocracia política china y cuestiona la idea de que la democracia electoral liberal sea el único criterio válido para evaluar la legitimidad y eficacia de un sistema político.
- Enrique Dussel Peters: economista e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, coordinador del Centro de Estudios China-México y de la Red Académica de América Latina y el Caribe sobre China. En sus trabajos sobre el “capitalismo con características chinas” destaca la omnipresencia del sector público, el escalamiento tecnológico y la proyección global de China, especialmente en relación con América Latina.
- Minglu Chen: investigadora especializada en estudios chinos, política, sociedad y transformaciones de clase en la China contemporánea. Junto con David S. G. Goodman editó Middle Class China: Identity and Behaviour, obra que analiza cómo las nuevas clases medias chinas se formaron en estrecha relación con el Estado-partido, a diferencia de la experiencia liberal europea clásica.
- David S. G. Goodman: sinólogo y académico especializado en política y sociedad china contemporánea. Sus estudios sobre elites, clases medias y Estado-partido permiten comprender que el cambio social chino no puede leerse simplemente como una transición inevitable hacia el liberalismo occidental.