• Las nuevas tecnologías desarticulan el sentido de comunidad

Fecha de Publicación: 15-08-2026

Por Koly Bader-FSN-Tucumán

La transformación tecnológica contemporánea puede pensarse como una nueva revolución industrial, no solo por la magnitud de sus efectos económicos, sino porque reordena las formas de producir, comunicar, gobernar y constituir subjetividades. Su comparación con la primera Revolución Industrial resulta especialmente fértil: ambas emergen desde centros imperiales —ayer el Imperio británico, hoy el núcleo tecnológico-financiero norteamericano— y ambas reorganizan la relación entre trabajo, capital, territorio y conciencia social.

Sin embargo, la semejanza histórica no debe ocultar una diferencia decisiva. La primera industrialización concentró trabajadores, máquinas y tiempos de vida en fábricas, talleres, minas y ciudades industriales. Esa concentración produjo formas inéditas de socialización: el trabajador moderno no solo vendía su fuerza de trabajo, sino que compartía ritmos, conflictos, lenguajes y experiencias colectivas. En la tradición marxista, la clase no se comprende únicamente como una ubicación económica, sino como una relación social que se forma en el proceso de producción y en la lucha por sus condiciones. Marx vincula la conciencia y la ideología con la posición que los sujetos ocupan en el modo de producción; por eso la gran industria, al reunir trabajadores bajo una misma disciplina fabril, hacía posible una conciencia común surgida de la práctica social compartida.

El capitalismo digital, en cambio, tiende a desarticular esa comunidad productiva. No elimina la cooperación social —de hecho, depende de redes planetarias de usuarios, programadores, repartidores, consumidores, trabajadores remotos y productores de datos—, pero la vuelve opaca, fragmentada y mediada por plataformas. Allí donde la fábrica exponía la interdependencia material entre trabajadores, la plataforma individualiza la experiencia: cada sujeto aparece frente a una pantalla, un perfil, una aplicación, una métrica o un algoritmo. La cooperación existe, pero se presenta como interacción aislada; la producción social queda traducida en datos, reputaciones, calificaciones, clics y comportamientos monetizables.

En este punto resulta central el concepto de desterritorialización. En Deleuze y Guattari, la desterritorialización no remite solo al desplazamiento físico, sino a la ruptura de coordenadas estables de pertenencia, sentido y organización social. Aplicada al capitalismo digital, permite comprender que la pérdida de soberanía no es únicamente geográfica o estatal: también afecta la capacidad de los sujetos y de las comunidades para producir sus propios marcos de interpretación. La experiencia social se separa de sus territorios materiales y simbólicos, mientras las plataformas reterritorializan esa experiencia bajo lógicas privadas de captura, predicción y control.

David Harvey amplía esta lectura al mostrar que el capitalismo no solo se expande mediante la producción, sino también mediante procesos de desposesión: privatización, financiarización, mercantilización de bienes comunes y reorganización espacial de la vida social. En el presente, esa desposesión se desplaza también hacia el plano informacional. Ya no se trata únicamente de apropiarse de tierras, recursos o empresas públicas, sino de capturar datos, atención, vínculos, hábitos, deseos y trayectorias de comportamiento. La subjetividad se convierte así en un nuevo territorio económico.

Shoshana Zuboff denomina a este proceso “capitalismo de la vigilancia”: una forma de acumulación que transforma la experiencia humana en materia prima gratuita para producir datos conductuales, elaborar predicciones y organizar mercados orientados a anticipar e influir en la conducta futura. Desde esta perspectiva, la colonización de la subjetividad no es un efecto secundario de la digitalización, sino una condición estructural de su modelo de negocios. El sujeto ya no es solamente trabajador o consumidor: también es fuente permanente de información, objeto de medición y campo de intervención algorítmica.

La diferencia histórica, entonces, puede formularse así: mientras el capitalismo industrial produjo una socialización material que tendía a reunir a los trabajadores y hacer visible el conflicto entre capital y trabajo, el capitalismo digital produce una socialización abstracta, dispersa y administrada por infraestructuras privadas. En vez de una comunidad obrera concentrada en el espacio fabril, aparece una multitud conectada pero segmentada; en vez de experiencia común, flujos personalizados; en vez de conciencia de pertenencia, perfiles calculados por sistemas de recomendación, vigilancia y modulación.

Por eso la pregunta política de nuestro tiempo no puede reducirse a quién posee las máquinas, sino que debe incluir quién controla los datos, las plataformas, los algoritmos y las condiciones de producción de sentido. Si la ideología surge de la práctica social, como sostiene la tradición marxista, entonces una práctica social mediada por dispositivos digitales privatizados tiende a producir formas de conciencia compatibles con la fragmentación, la aceleración, la autoexplotación y la dependencia tecnológica.

En síntesis, la actual revolución tecnológica no debe leerse como un simple cambio de herramientas, sino como una mutación del modo de producción y de los modos de subjetivación. La disputa por la soberanía incluye hoy la soberanía territorial, económica, cognitiva y afectiva. Allí donde antes la dominación se expresaba principalmente en la fábrica, hoy se despliega también en la interfaz, el dato, la nube y el algoritmo. Comprender esta continuidad y esta ruptura es fundamental para pensar una política emancipadora capaz de reconstruir comunidad, autonomía y conciencia crítica en condiciones digitales.

 

Autores y obras citadas:

Karl Marxfue un filósofo, economista y crítico del capitalismo del siglo XIX; su obra central, El capital, permite pensar la relación entre modo de producción, trabajo, clase social e ideología.

Gilles Deleuze y Félix Guattarifueron filósofos franceses del siglo XX; en Mil mesetas desarrollan el concepto de desterritorialización, útil para analizar cómo el capitalismo rompe y reorganiza territorios materiales, simbólicos y subjetivos.

David Harvey es un geógrafo y teórico social británico; en El nuevo imperialismo trabaja la idea de acumulación por desposesión, que ayuda a comprender nuevas formas de apropiación capitalista.

Shoshana Zuboffes una socióloga y profesora estadounidense; en La era del capitalismo de la vigilancia analiza cómo las plataformas digitales capturan datos de la experiencia humana para predecir e influir en la conducta.