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La unidad para la liberación nacional
Fecha de Publicación: 14-08-2026
Por Tomás Pérez Bodria en X.com
Ciertamente todo acuerdo de cúpula no expresa sino una manifestación de soberbia. Por lo menos cuando, como ya conviene ir admitiendo, en la estructura del peronismo su cúpula lo es de una cáscara vacía. Se trata sólo de una rémora dirigencial amnésica de los intereses llamados a representar y sumisa al rol de oposición legitimante del régimen colonial que sus propulsores les asignó. Ello más allá de las excepciones que confirman la regla.
Por lo tanto, cuanto debemos promover es la unidad en torno a la recomposición del Movimiento Nacional. Recomposición que atendiendo a la profundidad de la afectación de todas las manifestaciones de la soberanía concretadas por el ataque imperial y colonizador sobre la Patria, se sintetizan en una sola bandera identitaria: "La liberación nacional". En ella se subsumen todas las luchas que constituyen nuestra identidad nacional por la que pugnamos. La que dieran San Martín y Bolívar para construir una patria unida y fuerte sobre el territorio que ellos mismos liberaron de la colonia española; la que libró Manuel Dorrego al precio de su vida en nombre de la primacía del pueblo en la construcción de su propio destino; la defensa territorial enarbolada exitosamente por Juan Manuel de Rosas ante la arrogancia de las dos potencias económicas y militares más poderosas de su época; la asumida por los caudillos durante el siglo XIX en post de una integración nacional de carácter federal; la que distinguió a don Hipólito Yrigoyen que institucionalizó la participación popular a través de la ley Saenz Peña y promovió la explotación de nuestros bienes naturales en función de un modelo productivo nacional (YPF) y, por supuesto, la revolución generada por esa conjunción inescindible del General Juan Domingo Perón y las grandes mayorías populares, sintetizada en las tres banderas históricas del peronismo. Banderas éstas y luchas aquellas que no se sostuvieron sólo en discursos, sino en hechos concretos.
En ese sentido la única auténtica revolución que se registra en el país desde el año 1946 hasta el presente, que fue la peronista entre 1946 y 1955, se concretó mediante un proyecto claro de modelo nacional diagramado en dos planes quinquenales y plasmada mediante la nacionalización del comercio exterior (IAPI), de los ferrocarriles, de la energía y todos los recursos naturales, de una industria poderosa, de una extraordinaria obra pública, de un mercado interno alimentado por el elevado nivel adquisitivo de los trabajadores fuertemente organizados y, en definitiva, por un modelo de país autónomo, pujante, integrado y con proyección latinoamericana. Entre los años 2003 y 2015, sin haberse alcanzado la transformación estructural del sistema, reverdecieron logros de aquella gran transformación.
Ese legado histórico ya no lo encarna la estructura peronista. Sus dirigentes no sólo renuncian a una propuesta que contenga medidas como las referidas, sino que suelen mostrarse adversos a las mismas y más cercanos a la bandera del "equilibrio fiscal y monetario", que es la del neoliberalismo. Menos aún se muestran dispuestos a enfrentar las nuevas constelaciones tecno-capitalistas para cuyos sostenimientos logísticos vienen por nuestros recursos naturales (PETER THIEL, como su máxima expresión) y a las élites locales que se les subordinan.
De allí que ninguna unidad de cúpula con meros propósitos electorales es el camino de la liberación nacional. Por el contrario, tal como quedó demostrado el jueves 6 de agosto pasado, el camino es la toma de conciencia que renueve el espíritu soberano del pueblo argentino, la movilización de las mayorías nacionales y su organización en torno a un programa de liberación nacional. Una unidad de cúpula con objetivos meramente electorales, aunque sirva para echar al mascaron de proa del modelo colonial que funge de presidente, sólo llevará a una nueva frustración. Una similar a la que posibilitó, precisamente, el advenimiento de Milei y su utilización para acelerar la consolidación del modelo colonial. No será con pseudo peronistas que alcanzaremos la ansiada liberación nacional, removiendo al actual régimen de sumisión colonial. Se requieren patriotas peronistas y no peronistas que se movilicen, que luchen y que generen una conducción auténticamente nacional y popular. Si en ese rumbo se gana una elección mejor, pero que no sea por ganar una elección a como de lugar que el Movimiento Nacional pierda definitivamente el rumbo.
Pilar, 8 de agosto de 2026