• Dos caras del Imperialismo

Fecha de Publicación: 30-07-2026

Por Francisco Ramos

El sistema extractivista que el Imperio de turno, planifica para sus antiguas colonias, es sólo el formato de explotación que el sistema capitalista impone sobre sus naciones dominadas, llamadas periféricas.

Nos llaman periferia, al continente americano debajo del río Bravo, África y el Sudeste asiático, asumiendo que "ellos" son el Centro o metrópolis centrales. De esta manera, el Centro se desarrolla hacia adentro a través del capitalismo productivo con sus industrias propias y del extractivismo que devoran de la llamada periferia.

Ese sistema extractivista improductivo no genera más trabajo que la actividad comercial y de servicios, todo lo necesario se importa, no hay obras públicas y se reducen al mínimo los presupuestos de salud y educación. Para los centros de poder imperialista no importa el valor agregado en los países periféricos, el obrero industrial se ha convertido en una especie extinguida.

Al sujeto trabajador "empleado" le desintegraron su conciencia social, porque la mitad de la masa laburante nunca tuvo derechos gremiales, ya que actúan como monotributistas y cuenta propia, y la otra mitad que trabaja en empresas privadas y públicas tiene un bajo nivel de sindicalización, por diferentes motivos.

Este proceso histórico de coloniaje mental tuvo en la Dictadura del 76 su máxima expresión represiva y dejó tras suyo, una democracia de la derrota que el menemismo de los 90 siguió liquidando. Luego de un breve periodo de intentar un capitalismo independiente con producción nacional y recuperación salarial, la vigente 3ra. Década infame iniciada con el macrismo, ha vuelto por sus fueros destructivos, planchando la economía y fundamentalmente toda actividad productiva, regresando con más fuerza al viejo esquema que denominamos extractivista, junto al infaltable endeudamiento externo y el protagonismo de la actividad financiera.

Frente a esta situación de saqueo extremo y entrega absoluta de nuestros bienes naturales al capital foráneo, la alternativa de intentar un nuevo período productivo no se muestra como una salida atractiva para el pueblo que se ha sentido defraudado y abandonado a las garras de un enemigo sin escrúpulos que avanza sin compasión arrasando salarios, derechos, vivienda, y todo lo que tenga tufillo a popular. Porque, además son muy pocos los dirigentes políticos y sociales que se ponen al frente de las luchas ni convocan al pueblo a resistir la miseria planificada.

Será cuestión de tomar protagonismo desde las bases para organizarnos y convertir la resistencia en ofensiva popular para ponerle un freno a tanto desastre.