• Postear desde la empatía y el amor, no desde el odio

Fecha de Publicación: 23-07-2026

Por Koly Bader- FSN- Tucumán

En este contexto, se vuelve urgente recuperar una idea sencilla pero profundamente política: también tenemos que aprender a postear desde el amor. No desde una ingenuidad vacía, ni desde la obligación de callar frente a la injusticia, sino desde la decisión consciente de no alimentar la maquinaria que nos quiere enfrentados. Cada publicación, cada comentario y cada reacción participa de una disputa por el clima emocional de la época. Si respondemos odio con más odio, el algoritmo gana. Si respondemos división con más división, el sistema consigue exactamente lo que busca: comunidades rotas, identidades enfrentadas y personas convencidas de que el otro es siempre un enemigo.

Postear inspirados en el amor significa elegir palabras que no deshumanicen, compartir información sin convertirla en munición, defender lo propio sin necesitar destruir lo ajeno y recordar que detrás de cada pantalla hay personas. Significa entender que la ternura, la empatía, el humor sano, la solidaridad y la alegría también pueden ser actos de resistencia. En un ecosistema digital que premia la furia porque la furia retiene audiencia, publicar desde el amor es una forma de desobediencia: es negarse a trabajar gratis para el negocio de la división.

La Argentina puede defenderse de las narrativas hostiles sin copiar su lógica. Puede discutir, responder, denunciar y argumentar sin caer en la trampa de convertirse en aquello que critica. Porque si el odio es el idioma que los algoritmos explotan para simular una realidad falsa, el amor —entendido como cuidado, responsabilidad y deseo de encuentro— puede ser el lenguaje capaz de romper esa simulación.

Ese tipo de publicaciones no tienen la violencia inmediata que suele premiar la viralidad, pero abren otra posibilidad: que las redes no sean únicamente un campo de batalla emocional, sino también un espacio donde todavía pueda circular algo parecido al cuidado colectivo. Tal vez no siempre logren imponerse sobre el ruido, pero cada una de ellas interrumpe, aunque sea por un instante, la lógica automática de la furia