-
Historias de vida
Fecha de Publicación: 07-06-2026
A 50 años del golpe genocida que ensombreció al país, juntamos memorias de mujeres de distintas generaciones y las compartimos hechas palabras, sentimientos, miradas.
Historias de vida de mujeres que de alguna u otra manera resistieron la oscuridad y el horror que imponía el poder. De la solidaridad recibida de amigos, compañeros, familiares, de vecinos. De los recuerdos contados en primera persona y sus ecos.
Lo hicimos “íntimo y simple, como una conversación a puerta cerrada entre mujeres que recuerdan. Sin héroes, sin adjetivos, sin consignas.”
Con toda la pasión. Con toda la verdad. Con toda la ternura. Abriendo el corazón con cada palabra.
MUJERES SOBERANISTAS
Terminar La tarea
50 años
Y los rostros toman vida en la Memoria que arde en marzo con más brillo.
Y entonces el recuerdo de reuniones donde se debatían ideas y se volvían colectivas. Redactar los volantes, hacerlos entre charlas y risas en el viejo mimeógrafo y el repartirlos en frías mañanas frente a una fábrica, en las escuelas, en la oficina, en la cancha.
Las charlas eternas mientras el humo de los Particulares verdes con filtro nos invadía y el mate nos acompañaba a diagramar futuros libres y solidarios.
Esos días fueron terminando de apoco. Primero las cautelas en las citas. Las reuniones más cuidadas y escasas. Y el comienzo de la represión a sentirse en el aire. Primero las detenciones en cárceles “legales”. Y allí nos llevaron en 1974, a mi viejo y a mi. A él lo dejaron en el hospital por las graves secuelas de la tortura y a mi a la cárcel de mujeres. Estaba viva y mi vieja sonreía en la visita para darme fuerza. Casi no veía a mi hija y no había abrazos. Pero estaba viva.
La posibilidad de salir al exilio en noviembre del 75 se concretó en un trámite. Lima y Guayaquil fueron la pista de aterrizaje para llegar a México donde el destierro fue mi realidad y la denuncia mi tarea.
Pero aquí, en el país, la realidad se endurecía al son de marchas militares. Llegaban noticias del falcon recorriendo calles.
Que Juan no fue a la cita y ya no lo encontramos.
Que a María se la llevaron de la escuela y estaba embarazada y ya no volvió. Adelina estaba presa, la soltaron y se la llevaron para poder esconderla. Que era mejor no mandar cartas.
Que Mario se fue de cosechero cuando cayó la casa, y no supimos más de él ni de su familia. Que Manuel pudo salir a escondidas y se convirtió en una voz más de denuncia.
50 años y poder contar lo que pasó en aquellos años cuando nos quisieron matar de golpe.
Cuando quisieron que esas vidas jóvenes y comprometidas con su tiempo y sus ideales, se desvanecieran para siempre.
Cuando encerraban esperanzas.
Cuando fusilaban promesas.
Cuando oscurecían el cielo que se quería tomar por asalto.
Pero aún tratamos de recuperar la Libertad que nos robaron, la utopía que a veces parece perdida y aquel sueño que no olvidamos, donde el sol brillaba fuerte.
La tarea está inconclusa y es necesario encontrar el camino que nos lleve a que todo sea como lo soñamos. Vamos, que ahora es cuando.
Marta Suárez
Las Preguntas
1985
- “¿Y usted en qué cree Bader?” Me preguntó la maestra de religión de 6° grado cuando supo que yo no iba a participar de sus clases. - “En el ser humano” – le respondí - “¿Y quién cree que creó el mundo?” – siguió indagando con curiosidad - “Yo creo en la teoría del Big Bang y que nosotros venimos de los monos” le respondí mientras recordaba los dibujos que mi viejo nos había mandado desde la cárcel explicando la teoría de la evolución de Darwin, una maravilla. La maestra hizo una mueca de sonrisa entre sorprendida y contrariada, y no volví a asistir a ninguna clase de religión. Mi compañera judía y yo quedábamos boyando por el patio durante esa hora. En ese tiempo post dictadura enseñaban religión (católica) en las escuelas públicas de Tucumán, en ese mismo tiempo, después de tres años y medio de exilio en Alemania, de 3 años de cárcel de mis viejos, de tres despedidas y de haber vivido en tres países…. las preguntas eran parte de mi vida. Aprendí a tener “versiones” de respuestas según quién me preguntaba, aprendí que no se le podía contar a cualquiera cualquier cosa, que la verdad se contaba en versiones y según la cara del interlocutor y que había preguntas que no se hacían. Y, por lo tanto, que había algo de peligroso, de incorrecto, de doloroso o de ¿vergonzoso? en mi vida, en nuestra historia. Aprendí el poder de las preguntas, de que son llaves que abren mundos y que a veces dejan pasar monstruos. ¿Por qué no vivís con tu mamá? ¿Dónde está tu papá? ¿Por qué estuviste en Alemania? ¿Por qué naciste en Paraguay? etc. Así es como, entre muchas otras cosas que inventaba, transformaba a mi papá en un importante empresario que había sido trasladado unos años al exterior y, de esa manera, explicaba nuestra estadía en Europa. ¡Era un relato bastante más cool sin dudas! Aprendí a callar para ser aceptada o invisible a veces…y lo aprendí tan bien que aún lo hago, aunque no sea necesario el cuidado… ¿no es necesario?
Romy Bader
Tardanza Milagrosa
Mis padres Carlos y Dalinda, vivían en el pueblo de Ámbil, Departamento: General Ocampo, en la Provincia de La Rioja, junto con la abuela Angelina y sus numerosos descendientes: Carli, Coqui, Chabela, Lucho, Carmen, Rita, Ricardo, Marta, Norma y Jorge Luis.
Siempre nos impulsaron a ser personas de bien, a ser solidarios. estudiosos, responsables. En 1976, había comenzado el Gobierno De Facto y el Proceso Militar, situación muy preocupante para todos los argentinos.
Algunos de mis hermanos mayores, ya se habían recibido, mi hermana Rita, estudiaba para Contadora, Marta para Profesora de Psicopedagogía y Norma para Licenciada en Trabajo Social, en la UNLAR. Yo, Carmen estudiaba el Profesorado de Enseñanza Primaria, en Chepes.
Mis padres llegaron de visita a La Rioja, capital. Y ese día mi hermana Rita, dijo que planeaba ir a la casa de una compañera para repasar una materia que debían rendir en unos días más. Así que nos fuimos en nuestro auto, con Papá Carlos, mi madre, Marta y Norma a dejar a mi hermana Rita.
Al llegar al barrio Niño Alcalde, no se podía ingresar, pues había un camión del Ejército Argentino, y soldados con armas, que nos preguntaron si éramos del barrio. Al responder que no, nos dijeron que entonces no podíamos ingresar, ya que estaban realizando un procedimiento militar. Así que retrocedimos y emprendimos la vuelta de nuevo a la casa que alquilaban mis padres.
Al día siguiente, y con gran sorpresa, nos enteramos por los vecinos, que la casa allanada ¡Era la de la compañera de Rita! Y los compañeros que se habían convocado a estudiar, habían sido detenidos, y no se sabía nada de ellos. Mi hermana, se salvó de que la llevaran, porque se demoró en llegar. Entonces, dijimos: ¡Tardanza Milagrosa! ¡Gracias Señor, por demorar a mi hermana Rita!
María del Carmen Alicia Llanos
Chepes, La Rioja, Argentina
Llegaron Con Nombre Rimbombante
El 24 de marzo de 1976 dio comienzo la última y más cruenta dictadura militar en la República Argentina. Se cumplen 50 años. Yo tenía 16 años y no tenía conciencia de la gravedad de lo que sucedía. Creí en el discurso que venían a salvar a la Patria. Con la derrota de Malvinas y el comienzo de la apertura hacia la democracia empecé a darme cuenta del horror que había vivido el país entero. Me sentí culpable. Me juré no olvidarlo, busqué saber que había pasado, leí, leí y leí…si no lo olvidaba no volvería a suceder. Porque esto, los golpes militares, se habían sucedido en la Argentina desde 1930 y sus formas y métodos se repitieron y acrecentaron en cada uno de ellos…y aquí volvía a reproducirse. Llegaron con nombre rimbombante “Proceso de Reorganización Nacional” Llegaron, como siempre, de la mano de la prensa cómplice que colaboró con la preparación del terreno, desprestigiando al gobierno, mostrando el caos y la necesidad de orden Llegaron, como siempre, con el discurso que venían a poner orden, salvar a la patria y a nuestra forma de ser occidental y cristiana Llegaron, como siempre, con el apoyo de los Estados Unidos y de la Iglesia Católica. Llegaron, como siempre, pidiendo sacrificios al pueblo con baja de salarios y quita de derechos. Llegaron, como siempre, pidiendo préstamos que endeudaron al país haciéndolo más dependiente. Llegaron y cerraron el Congreso, prohibieron los Partidos políticos y las organizaciones gremiales. Llegaron y con ellos llegó la censura, persiguieron a los músicos, a los actores, a los intelectuales, a los periodistas Llegaron, como siempre, con las armas para instalar el terror. Secuestraron, torturaron, mataron y desparecieron a militantes políticos, dirigentes gremiales, trabajadores, estudiantes y a todo aquel que pensara, según ellos, de manera peligrosa. Se robaron niños quitándoles la identidad. Llegaron y nos hicieron mirar con recelo al vecino, nos invitaron a la denuncia. Llegaron y nos llevaron a una guerra absurda. Los valientes que venían a salvar la patria se rindieron ante el Reino Unido sin hacer un disparo, cobardes. Llevaron a la muerte segura a jóvenes sin la preparación suficiente, sin el equipamiento adecuado y a los que además maltrataron. Nos dejaron un país endeudado, 30000 detenidos desaparecidos, más de 400 niños a los que les negaron su identidad, un aparato represivo que llevaría años desmantelar…
Puedo decir con seguridad que NO LO VOY A OLVIDAR
Silvia de la Vega
Misión in-posible
Esa mañana me desperté antes que mi abuela, cuando abrí los ojos me encontraba metida en un abrazo en su pecho calentito, enredada en su camisón.
Salté de la cama directo hacia la ropa que había elegido con mucha dedicación la noche anterior. Desayunamos, creo que mate cocido con leche y pan con manteca y azúcar. Comí poco y apurada, necesitaba concentrarme, después de varios meses de planificación no tenía tiempo para ocuparme de comer . La estrategia era sencilla escondería la pluma contra el borde interno del bolsillo derecho y un pedacito de chicle en el rincón del otro bolsillo.
Mi abuela se preparó igual que yo, imagino ella tendría su propio plan. Atravesamos Buenos Aires en un taxi, hasta que llegamos a la entrada, un muro altísimo con dos puertas color hierro negro que se abría por el centro, casi de la misma altura que el muro. Ese día ya había cola, estaba lleno de niños y niñas acompañados por algún adulto, esperamos hasta que nos dejaron entrar y comenzó la rutina de entregar papeles y documentos. Luego otra cola más para la revisión de los elementos personales, la ropa y nuestro propio cuerpo por parte de las mujeres del lugar Ellas revisarían, sacudirían como siempre de manera general, lo pequeño y sutil, no era su fuerte. Yo había logrado adherir los elementos mediante presión a la costura de los bolsillos. Estaba segura, no lo encontrarían
Era mi turno, la señora me llevó de la mano a las casillas y cerró con un movimiento seco la cortina gris claro, al igual que su pollera, su chaqueta, su piel. Sacudió mi saco a cuadros, mi pollera, mi camisa, mis zapatos. Me sacó de la mano un juego de naipes pequeño que había llevado para no aburrirme durante las largas esperas. Luego todo lo demás volvió a mi cuerpo. Al finalizar la rutina de revisión, logré pasar; esperé como los demás niños y niñas a que nos guiaran hacia el centro del edificio, era como entrar en una cueva, el pasaje, las paredes, los múltiples tonos de gris, jamás develaban que en el centro bien adentro se encontraban los papas. Ese día, la visita no era de contacto pero yo sabía, por otras veces, la pared que nos separaba, tenía agujeros. Era una pared gruesa con agujeros muy chiquitos, apenas más grande que el diámetro de un fósforo, no podía tocarlo pero si verlo y escucharlo.
Llegamos a la habitación; él ya estaba esperando sentado, detrás de él, un guardia. Nos sentamos tranquilas y mi abuela se quedó muda. El me buscó con su mirada y sonrió, yo también. Me preguntó por la escuela, mis amigas, mis primos y si me estaba cepillando los dientes. A mí todo me hacía reír, era como si cada pregunta, me hiciera cosquillas. Mi abuela que intentaba reponerse comenzó a contarle cosas del mundo allá afuera. Yo aproveché la oportunidad para mirar al guardia y descubrir que estaba distraído mirando hacia otras personas que hablaban un poco más fuerte que nosotras. A través de los agujeros le pasé los elementos escondidos en el bolsillo de mi saco a cuadros. Mis manos se movían como peces entre las anémonas. Enrosqué la pluma y logré pasarla, me llevé la puntita de chicle a la boca y lo transformé en un tubo fino con mi saliva. Él logró agarrarlo del otro lado y rápidamente se lo llevó a la boca.
Yo lo miraba, desde mi altura su cuerpo se veía gigante.
-Como te pelaron- escuché decir a mi abuela la pluma ya estaba entre sus dedos amarillos, y sus ojos brillaban.
Lo habíamos logrado, ningún guardia se dio cuenta de que habíamos burlado todas sus seguridades y lo mejor de todo, la imposibilidad de tocarnos en esa visita.
Nunca recuperé mi juego de naipes pequeño pero cada tanto aparece una tirada en la calle, o en una caminata al costado de algún río.
Paula Inés Bader Lugones
Nacida 1974, Hija de Miky Lugones y Koly Bader
Sala de Partos
Tenemos en común la profesión, somos enfermeras...no fuimos contemporáneas pero me gusta imaginar que Generosa me relata, en un café, lo que paso en abril del 77.
-Bueno te cuento Sandra... era 1o. de abril yo estaba de guardia en Sala de Partos. De repente ingresan en forma brutal, prepotente, dos policías con una mujer a punto de parir, Silvia Valenzi. El doctor Blanco impidió que el personal policial permaneciera en el parto como pretendían. Viste? El momento del parto es único e irrepetible y siempre todo el equipo de Salud preserva y defiende la privacidad de ese instante vital.
Me imagino que crueldad habrás visto!, le comenté.
-Siii, totalmente, eran tiempos muy oscuros. Mis colegas junto a María Luisa Martínez temíamos que vinieran de El Pozo de Quilmes. Silvia estaba embarazada de siete meses. El 2 de abril a las 3 y 15 hs nació su beba a la que llamo Rosa, pesó 1,900 kgrs, la llevaron a Neonatología...Al día siguiente trasladaron a Silvia con la supervisión del Dr Berges, que venía del CC El Pozo según dijo el Dr. Blanco, pero antes Silvia gritó los datos de sus familiares para que alguien les avise lo que estaba ocurriendo.
Terror en todo el procedimiento Generosa... me imagino! Agregue.
-No te puedo explicar, la policía...rostros gélidos, sin expresión, tensos, arrogantes, sin humanidad, crueles, bestiales...yo pensé en un momento...no tienen madre? No tienen una mujer que respeten y puedan amar? Después me di cuenta...en algún punto de su historia, quedaron vacíos, sin amor, sin razón, sin corazón...
Cómo fue que la familia de Silvia se enteró? Pregunte atónita.
-Fuimos con la obstetra (María Luisa) a la dirección que dijo Silvia, y avisamos a la familia. Que dolor! Como lloraba su madre! ...no lo podía creer. La cuestión es que en esa semana la señora se presentó en el Hospital, y le negaron el nacimiento, pero...nosotras, las enfermeras sabemos bien la importancia de los registros tomados en forma completa y oportuna...asi vi, que en el libro de Partos estaba borrado el nacimiento, sin embargo...en el libro de Pediatría figuraban todos los datos completos.
También que la beba falleció a los tres días debido a su prematurez.
Para mí, Generosa, estas intervenciones tuyas son un ejemplo de altruismo y valentía!
-El 14 de abril en mi lugar de trabajo me buscaron en portería. Yo no me di cuenta que luego de dos semanas podían tomar represalias pero aun así sospeche, tuve miedo... porque María Luisa desde el 7 de Abril no volvió al trabajo, en esa época no había celulares y la comunicación era más difícil...la cuestión es que salí a la puerta del Iriarte y de ahí me llevaron al CC El Vesubio, donde vi por última vez a otras compañeras.
Viste? Ellos piensan que te mataron, pero no es cierto. Yo creo que estas de la mano de cada mujer que pare, en cada nacimiento, celebrando la vida, con cada Colega en el momento de decisiones éticas de la cual sos fiel representante, un modelo a seguir, en fin, sos Luz, Amor, por siempre Memoria, Verdad y Justicia. H.L.V.S. Generosa Fratassi!
Sandra P. Serloni
Marzo 2026
No Te Lamentes De Nada.
Sabía cuando lo vi irse que sería mi última vez.
Todavía no hablábamos de las muertes desaparecidas. Vivíamos en las ideas. Nos ocupaba la tarea de mejorar el mundo. Y los mitines. Las discusiones. Las asambleas tan llenas de palabras, libros y panfletos.
Después de una de esas atropelladas de caballos, bastonazos, agua y gas nos refugiamos en El Cairo.
”Mejor atrás” nos dijo ceñudo el mozo de la historia de nosotros cuando chicos. Y allá fuimos, última mesa cerca del baño, el café feo de siempre, las migas en la mesa. Nuestro lugar perfecto.
Y hablamos. Mis casi 16 no alcanzaban a entender porqué sus casi 28 lo devolvían al
Comahue. Enseñaba allá, sociólogo. “Me necesitan -dijo. Lo miré largo, se rió.”Baja los ojos Flaca, así no puedo hablar”. Pero habló .Hasta la noche. Creo que se despedía.
Y de todo, lo que mas recuerdo, aparte del beso, es esa frase: ..”no te lamentes de nada Tanita, estas viviendo con el alma y con los huesos, es la única forma de vivir.”...
Según me enteré años más tarde los huesos se los partieron.
El alma sobrevive. La tengo yo.
Felicitas Maini.
La Memoria No Se Archiva. Se Conversa
Desde mediados de l975 la situación en el cordón industrial de San Lorenzo se había puesto difícil, el ejército patrullaba. En diciembre pensamos que debíamos irnos del país pero no teníamos pasaporte y estábamos bastante aislados. Grave error. Ya no dormíamos en nuestra casa sino que pernoctábamos en una habitación en el Convento San Carlos al que entrábamos de noche ya que sólo uno de los sacerdotes estaba en conocimiento. En diciembre desapareció la compañera María Luisa Quatrín y al mes siguiente, Carlos Vergara y Roberto De Grandis, de este último se encontró el cuerpo en el río.
En marzo decidimos mudarnos a Rosario, con la idea de que en la ciudad podríamos pasar más desapercibidos, pero en mayo, Hugo Parente, mi esposo fue convocado al servicio militar Tenía prórroga por estudio y se le había vencido. Mis esfuerzos ante el Comando del Ejército por extender la prórroga ya que teníamos una beba y yo cursaba un embarazo de 7 meses no dieron resultado.
Recuerdo que Hugo me dijo que posiblemente no saliera vivo del Batallón de Fray Luis Beltrán. Y así fue.
El 9 de julio desfilaban en Rosario y me acerqué a ver si podía verlo pero no estaba. Entonces me llegué con mi padre hasta el Batallón, ya que las visitas estaban prohibidas porque tiempo atrás el ERP lo había copado. De todos modos hicimos el intento y nos comunicaron que el 8 de julio, por ser el aniversario de nuestra boda, le habían dado un permiso y no había regresado, motivo por el cual se lo consideraba un desertor. Cuando regresé a mi casa encontré el aviso.
En el momento en que salíamos del cuartel, un soldado que estaba de guardia se me acercó y me comentó rápidamente que había visto a Hugo salir. Con el tiempo me enteré que se trataba de José Prats quien desapareció de la misma manera el primero de enero de l977. Su madre se acercó a nuestra familia para saber qué gestiones habíamos realizado, estaban tan desesperados como nosotros.
Hugo y José figuran en el libro “El escuadrón perdido” que narra la desaparición de 129 conscriptos, más o menos todos con la misma metodología.
Nos entrevistamos con obispos, presentamos habeas corpus, pero nunca obtuvimos respuesta alguna. En 1978, antes que Scilingo hablara de los vuelos de la muerte, un conocido se reunió con el vicario castrense, Monseñor Bonamín, quien le expresó que no buscara más porque el Ejército lo había tirado al mar. Esto da cuenta del nivel de conocimiento que la jerarquía católica tenía sobre lo que realmente estaba sucediendo.
Como me dijo una abogada cuando se tramitaban los juicios sobre la verdad “Hugo es uno de los desaparecidos más desaparecidos porque nadie lo vio, tuvo contacto con él”.
Así fue, por eso creo que con la excusa de nuestro aniversario, lo esperaron afuera del cuartel y de allí terminó en uno de los vuelos.
Hoy, una calle de San Lorenzo lleva su nombre.
Viviana Dellasiega
La Cigarra
Un día, casi como hoy, en Buenos Aires. Mientras conversábamos, Caro acomodaba su dormitorio. Casi de sorpresa, me dijo algo que le pidió su sicóloga que me preguntara.
_ Mamá, por qué yo duermo siempre con una luz encendida?
Y como si el mundo se redujera a mirar entre lágrimas, le conté una historia, cortita, casi intrascendente, casi olvidada, pero cargada de silencios y del miedo que te marca.
Corría el 75 y el Operativo Independencia, estaba instalado en Tucumán. Muchos y muchas, amigos y amigas, compañeros y compañeras, ya se habían ido o los habían llevado. Y quedarse en casa, era estar desprotegido. Y por entonces, las doce era la marca estudiada, porque en ese momento salían a cazar palomas sin nido. Y casi como iluminada, decidí pedirles a mis vecinos de en frente, que me prestaran su comedor durante la noche, para que estudiara. Llevaba todos mis apuntes, Y esos vecinos inolvidables, que no preguntaban y me cobijaban, preparaban un cafecito y me dejaban. Y hasta era cierto que estudiaba…..para que la noche pasara.
Durante muchos días, meses, yo preparaba todo para salir antes de las doce.
Acostaba a mis hijes. Hacia que se duerman o que los duerma su papá a los más grandes. Caro tenía pocos meses, y solo se dormía si la ponía en mi pecho y la hamacaba. Como si supiera que yo la dejaba, muchas noches se hacía tarde, porque lloraba, aun dormida, si la sacaba de mi pecho para acostarla. Y ahí entonces, yo prendía su lamparita y la acostaba al lado de la luz que la acompañaba. Su imagen y su llanto me quedaban en el cuerpo y seguro ella, seguía escuchando mi canción apenas murmurada.
Y la angustia cotidiana de las doce, se hacía insostenible. Entonces me iba, diciendo como la cigarra “tantas noches pasaras, desesperando…. y a la hora del naufragio… Alguien te rescatara…..” y seguí cantando.
Alli, en ese comedor protegida bajo la tierra como la cigarra, donde acudía como refugio, siempre que necesitaba, yo miraba mi casa desde la ventana y esperaba el amanecer para volver a cruzar, y seguir viendo la luz del día,…. y seguí viviendo, como la cigarra, para contar de a poquito, y poner en palabras, la historia, de esperar el alba. Y seguí cantando ….. como la cigarra que vuelve de la guerra, sabiendo que esta historia que yo guardaba, me devolvió por fin, un regocijo al alma, porque supe entonces, que Caro, podria apagar la luz que ya no necesitaba.
Lia Chambeaud.
Tucumán- 5 de Marzo de 2026
Vivir con Miedo
Mi nombre es Marta María Magdalena Remón, soy de Mendoza. Los primeros años de la dictadura viví en San Rafael, a doscientos kilómetros al sur de la Capital.
Vengo de una familia muy católica. Somos siete hermanos. En 1975, al segundo de los varones le tocó el servicio militar. El es “clase 55” como se dice y fue la última camada que hizo el servicio militar con veinte años. Y lo hizo en el RIM 11 de Tupungato, un pueblo que está al pie de la cordillera. A parte del regimiento lo llevaron a Tucumán, al “operativo Independencia”. Mi hermano volvió muy mal, muy asustado por lo que había vivido, y muy poco pudo poner en palabras, sólo que vió cosas atroces sin contar qué y que lo estuvieron estaqueado al sol durante una semana, por haberse escapado a una fiesta en un pueblo.
Al año siguiente,1976, mi hermano mayor vivía en Córdoba, militaba en la FAP (fuerzas armadas peronistas) y el día del golpe se alcanzó a escapar a Bolivia en tren, donde vivió unos años.
El recuerdo que tengo es de mucho miedo, miedo a hablar, miedo a escuchar, miedo a ver. Mi papá era un católico muy lector, entonces tenía literatura relacionada con el comunismo... qué era el comunismo, cómo combatir al comunismo y demás. Mi mamá era una católica fundamentalista que al estilo Milei, para ella eras católico o comunista.
Y todo el tiempo le pedía a mi papá que por favor quemara esos libros, que si allanaban la casa íbamos a tener problemas, y él le contestaba que para combatir al enemigo había que conocerlo, así que que él les explicaría para qué tenía esa literatura (un poco ingenuo de su parte). Nunca tuvimos problemas.
También en los primeros días del golpe llevaron presos a los vecinos que vivían pegados a mi casa. Hicieron todo un operativo en el barrio, cerraron la calle, fueron con un camión de soldados que al bajarse a uno se le escapó una bala del rifle que a mi papá le pasó rozando el brazo. Ella es maestra de jardín de infantes y la fueron a buscar a la escuela, la llevaron a la casa, adonde habían llevado a mis padres de testigos. Él era empleado judicial, se suicidó hace unos pocos años, lo fueron a buscar al trabajo también, y lo llevaron al sótano de tribunales, donde habían calabozos.
Yo iba al secundario a las monjas, donde se demonizaba a todo lo que tuviera que ver con lo vivido en esos años.Mi mamá era la presidenta de la Liga de Madres, vivía con mucha vergüenza el pasado de mi hermano, en esos días había desaparecido el hijo de unos amigos, católicos también. Y cuando alguien, en alguna conversación hacía alusión a la militancia de mi hermano, ella miraba para otro lado, no quería ni hablar ni escuchar hablar del tema. Mi papá sufría en silencio, no emitía palabra. La paz volvió medianamente cuando tuvimos noticias de mi hermano, y luego cuando regresó a casa.Eran horas, días, meses de silencio total, sin saber, más que por los medios de comunicación, de lo que pasaba. Vuelta la democracia nos enteramos de todo, o de gran parte. Y falta saber mucho todavía.
Marta Remón
Niños del Bando Vencido
Los niños que nacimos en el bando vencido del lado vencido del mundo necesitamos una tía María Rosa que se tome muy en serio la alegría porque los padres del bando vencido están ocupados con la tristeza.
La tristeza de este bando siempre tiene razón.
Pero los niños del lado vencido del mundo también queremos armar trincheras aunque nunca podamos repetir esa palabra ni en el colegio ni en la plaza ni con los vecinos y saber dónde queda ese lugar “exilio”, o qué magia hizo desaparecer al tío, desaparecido, aunque nunca podamos repetir esas palabras ni en el colegio ni en la plaza ni con los vecinos.
Cuando los niños del bando vencido crecemos con estos adultos tristes del lado triste del mundo, requetenecesitamos una tía María Rosa que nos enseñe a guardar esas palabras que no hay que repetir nunca nunca en el fondo triste del canasto de los juguetes y nos lleve en los días soleados
a chupar cañas de azúcar y a comer uvas de la parra aunque comer frutas sin lavar esté prohibido y en los días lluviosos
a escondernos en trincheras de almohadas y cantar palabras contentas de María Elena Walsh aunque también estén prohibidas.
Todos los niños que nacimos en el bando vencido del lado vencido del mundo requetemilnecesitamos una tía María Rosa para nunca nunca remilnunca tener miedo a la oscuridad o a las palabras
ni en el colegio ni en la plaza ni con los vecinos y ser por un rato niños del bando feliz del lado feliz de la tristeza del mundo.
Ohuanta Salazar
Una Estrella del Principito
María Elida era mi prima, casi hermana, 5 años mayor. Ahora esa diferencia parece inexistente pero cuando yo era una niña y hasta más grande, parecía un montón. La recuerdo tan hermosa, su pelo castaño y lacio, de grandes ojos almendrados, una sonrisa fantástica adornada por dos hoyuelos en sus mejillas que la volvían aún, más linda.
De adolescente, se hizo fanática de los Beatles, se vestía y se peinaba lo más parecido que podía a ellos. Hablaba muy bien inglés y cantaba aún mejor. El dormitorio de nena en el que creció entre algodones fue reemplazado por uno moderno, laqueado en rojo y blanco, un gran espejo con muchas luces; la cama marinera para las amigas, en la que también dormí yo, y los posters enmarcados como cuadros, que adornaban la pared.
Una tarde, me puso de frente uno del Principito y me dijo leé y pensá a ver qué te parece; obediente recité: “Me pregunto si las estrellas están encendidas a fin de que cada uno, pueda encontrar la suya algún día” No tengo idea qué contesté, pero a ella, le pareció genial.
Se volvió súper rebelde y mis tíos renegaban un montón; y al lugar que iba a que la protegieran era mi casa, sobre todo mi papá que tenía una debilidad por María Elida y con la que hablaban horas y horas. El y mi mamá, intercedían sistemáticamente por ella.
Hizo 5° año libre porque quería venir ir a Tucumán donde su hermano mayor, Rafael estaba estudiando medicina. No la dejaron, así que recién al año siguiente, comenzó a estudiar filosofía en la UNT.
¿Buscaría su estrella? Tal vez, porque se casó enseguida, a los 18 años. Ya entonces, militaba en la facultad. Primero en el Grupo Evolución Tucumán (GET), un grupo de intelectuales y después en la Juventud Peronista. Al año siguiente, 1973, en abril nació Jimenita. Aún hoy recuerdo la inmensa emoción al conocer a esa bebé que estaba en los brazos de Arturo, su papá. Ese verano de 1974, la Quinta que compartíamos en Salta, se llenó de militantes y amigos de Rafael y María Elida. Se fueron a un campamento en San Antonio de los Cobres y Jimena quedó con nosotros. Y en esas vacaciones de julio en Salta, festejamos su primer añito. Un día frío, pero de un sol luminoso, casi al atardecer, fuimos caminando las tres a la Plaza 9 de Julio con la pequeña en su cochecito. María Elida se había vestido como la tarde, de marrones y ocres: un jumper color chocolate, corto y pegadito al cuerpo sobre una polera clarita, tapadito color manteca, medias gruesas al tono y botas. De contextura pequeña, delgada, con su pelo largo y brillante, era preciosa. Comenzó a relatarme el viaje que habían hecho con los compañeros a Buenos Aires para ese 1° de Mayo, y divertida, me contaba que, ante la prohibición de ingresar con pancartas y carteles de las distintas organizaciones políticas, se las habían ingeniado para pasarlos igual, las chicas más flacas envueltas como momias en las banderas que desplegaron luego; otras en las telas, a las que pintaron una vez ingresados. Fue la última vez que la vi. Se separó y formó una nueva pareja con la que tuvo otra hija, María Angélica, pero nunca volvió a Tucumán o a Salta.
La secuestraron en Escobar en los primeros días de mayo de 1977, tenía solo 23 años. Y llegaban tantas versiones: está en Campo de Mayo; parece que la vieron allá; huyó del país; está escondida en…Dijeran lo que fuese, yo que la conocí, tengo la certeza que jamás hubiera dejado a sus pequeñas por voluntad propia. Tuvimos la suerte de recuperar sus hijitas y que se criaran con sus verdaderas familias e identidades. No fue la de tantos, que faltan encontrar. Busqué a María Elida durante mucho tiempo. La encontré en mis sueños y también despierta. Llegó la versión de los vuelos de la muerte. No la enterramos, no la cremamos, tampoco la despedimos. La desaparecieron. A veces, tengo la sensación o la esperanza, de volverla a ver.
En las noches despejadas, la encuentro sonriéndome y guiñándome un ojo desde esa luminosa estrella que El Principito le regaló del universo, a mi querida María Elida.
Y como a ella, a los 30 mil, que nos cuidan desde el cielo y saben, que nos los olvidamos.
Alejandra Kortsak
En este enlace lo bajas en PDF: https://app.box.com/s/1top186nqcolbn2871iotprrmuvz6b21
En este enlace lo lees como flipbook (libro digital) en internet