• La insurgencia del pueblo boliviano y sus rasgos revolucionarios. Por Lido Egisto Iacomini

Fecha de Publicación: 24-05-2026

Por Lido Egisto Iacomini

Sólo 6 meses le duró la ilusión al presidente Rodrigo Paz. Su decisión de someter Bolivia a los dictados de Trump y del gobierno norteamericano, chocó de frente con la rebelión decidida y encarnizada de los movimientos sociales, nacionales y populares de Bolivia.

Convencido de que su triunfo electoral hace 200 días, acontecido en el marco de la división del Movimiento al Socialismo (MAS), le daban carta blanca para su proyecto de rasgos neoliberales, retomó las relaciones de su país con Washington. Éstas permanecían cortadas desde Septiembre del 2008, cuando Evo Morales expulsó al embajador norteamericano, acusado de intervenir en los asuntos internos de Bolivia, alentando a los gobernadores contra el gobierno Central.

Con ello Paz re-introdujo a la CIA, la USAID y la DEA a Bolivia. Pero sobre todo restauró la subordinación de la soberanía de su país a los designios de los EEUU.

Hoy, exacerbadas  por su declinación imperial, éstos necesitan desesperadamente el litio y demás recursos naturales del altiplano.

Rodrigo Paz alineó a Bolivia con los países del Escudo derechista que inventaron Donald Trump y su espada principal, Marco Rubio, romper la Patria Grande y someternos de a pedacitos.

 Por lógica no podía faltar Javier MILEI, la mascota del presidente yanqui, que ante la insurgencia de obreros, indígenas y campesinos, hombres y mujeres del país hermano, presuroso ante el peligro, envió un avión Hércules argentino, supuestamente para cooperar con pertrechos para las fuerzas represivas de Rodrigo Paz.

Su gobierno no vaciló en reprimir salvajemente, contabilizando ya 4 muertos y decenas de heridos y detenidos.

La combatividad popular no se detuvo y reclama la renuncia presidencial con la marcha, decidida hasta la exasperación, hacia el Centro de La Paz con la meta del Palacio Quemado. Con las columnas obreras de la COB (Central Obrera Boliviana equivalente a nuestra CGT) encabezadas por los mineros armados con sus ya tradicionales cartuchos de dinamita, que hacían estallar amenazadoramente, junto a las heroicas mujeres bolivianas con su valioso y tradicional sombrerito bombín, imprimen a éste alzamiento insurgente un fuerte y profundo sesgo revolucionario.

La historia boliviana tiene páginas indelebles entre las gestas de la Patria Grande latinoamericana por la soberanía y el desarrollo independiente. Paz Estenssoro y Evo Morales son exponentes bolivianos destacados que han alimentado esa conciencia popular. Las guerras por el agua y por el gas agigantaron la estatura del líder cocalero Evo Morales y de un intelectual como García Linera.

Pero atenazados estos dirigentes por las viejas disputas que los llevaron a la derrota, la rebelión popular carece de conducción clara, partido y programa y se abre el interrogante sobre si está insurgencia culmine con la victoria.

Es la Patria Grande la que está en juego y no debemos admitir que este gobierno lacayo de MILEI y compañía nos coloque del lado turbio de la historia enviando ayuda a los represores del pueblo boliviano.

Hacen falta más voces, como la del diputado troscoperonista Juan Marino, que alcen sus voces a la altura de la historia.

Solidaridad con el pueblo boliviano.

No un paso atrás.

Hasta la victoria que arribará más temprano que tarde.