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Una lucha constante contra el miedo. Por Armando Benitez
Fecha de Publicación: 17-05-2026
Por Armando Benítez- FSN-Chaco
Es tal el dominio ideológico del capitalismo, que muchos trabajadores/as tienen miedo a perder el trabajo por el que les pagan sueldos que los ubican en la indigencia. Temen perder 658.000$. Tienen para comprar la comida diaria unos 22.000$
Esta es la realidad de más del 50% de los trabajadores estatales y municipales del Chaco. Los agentes rasos de la policía perciben lo mismo.
Podemos decir que no ven posiblidades de que les aumenten el sueldo y de ahí que no se plieguen a los paros, que no concurran a asambleas, ni al sindicato, nadie quiere ser delegado.
¿Porque se aguantan con un sueldo que apenas llega a cubrir medio mes? Porque buscan “otro rebusque”, son vendedores, choferes o motomandados de plataformas, changas etc. Además de que el otro miembro de la pareja también debe trabajar. El sueldo en blanco de uno de los dos les permite endeudarse y tener obra social.
Hay otros que viven en asentamientos irregulares (hoy los llaman barrios populares hoy hay más de 200 en el Gran Resistencia) en los cuales no pagan impuestos, están enganchados con el agua y la luz, así los gastos fijos son menos.
La pequeña esperanza que albergan, es que el próximo gobierno no sea tan malo que el actual. Poco importa si el INTI desaparece, o si privatizan las plantas de energia nuclear, la hidroeléctricas, el Paraná. La cuestión es sobrevivir.
¿Y el futuro? ¿Y los hijos adolescentes?, no quieren hacerse esas preguntas, con que terminen la primaria ya está bien. Ese es el logro del fenomenal aparato comunicacional.
Se vive como si se estuviera acorralado, aislado y así se anula la capacidad de actuar y la visión de futuro. El miedo es una eficaz herramienta de control político y social.
La sobreinformación es uno de los métodos para que el sujeto no tenga la información que necesita, lo apabullan con noticias negativas y violentas, el migrante que te “quita el trabajo, el que quiere robarte tus hijos, que circula en una camioneta blanca, el que viola a tus hijas, el que te roba la moto” el “otro” es un posible enemigo.
No le informan, que todos los ajustes son para pagar la deuda con el FMI, que a los empresarios les siguen quitando impuestos y aportes al Estado, que eso significa una gran transferencia de ingresos de los más pobres a los más ricos.
Si recordamos la historia humana veríamos que desde sus inicios el ser humano ha tenido miedo, pero pronto encontró en un palo la extensión de su mano. O en una piedra, un proyectil.
Esa mano particular de algunos primates, le permitió trabajar, el pulgar oponible fue esencial para agarrar, para fabricar herramientas y elementos para su defensa. En la medida que trabajaba, iba perdiendo miedo.
Se abrigaba, encendía el fuego, creaba las vasijas para el agua, recolectaba frutos, cazaba, se garantizaba su comida y la de su prole. El autoabastecimiento le dió seguridad, el miedo iba cambiando.
Como cuando chicos le temíamos a la oscuridad, pero si íbamos de la mano de otros, de nuestra mamá, papá o el hermano mayor, que nos mostraban que no había porque temer, nos sentíamos seguros. El individuo solo, es temeroso, cauteloso, en conjunto se siente más seguro y es más atrevido.
La victoria ideológica del sistema radica en mantenernos solos, que no conformemos ningún colectivo, que tengamos miedo, que nos escondamos, que tratemos de pasar desapercibidos, para que no nos toquen a nosotros y sí a los “rebeldes”.
La solidaridad no es sólo unirnos y luchar. La solidaridad es conocernos, reconocer al otro como un igual. La solidaridad se construye, de lo pequeño a lo grande, donando sangre, ayudando a un ciego, a un anciano que no sabe cómo utilizar su celular para controlar cuánto le pagaron de jubilación. También se lo hace cuando necesitamos ayuda y nos dejamos ayudar.
El miedo no nos tiene que paralizar, nos debe incentivar para unirnos y superarlo.
Un sueldo digno, una vida digna, nos permiten vivir sin miedos básicos. El bien estar debe ser generalizado, compartido, para no tener miedo al otro, más bien sentirlo como compañero en la construcción de la felicidad.