• Una burguesía nacional fallida-Ultima parte: Por Juan Maya

Fecha de Publicación: 17-05-2026

Por: Juan Maya-Colaboración

LIBERALES Y CAPITALISTAS, VAMPIROS ARGENTINOS

De la renta agraria a la bicicleta financiera

El rechazo a aquel Código del trabajo en 1904 no fue un accidente o algo aislado fue el manifiesto fundacional de una conducta de clase que se fue perfeccionado en el último medio siglo. Tras los paréntesis que significaron, especialmente los dos primeros gobiernos de Perón, el tercero, entre 1973 y 1976, tras su muerte en 1974, cayó en un espiral de violencia política y económica que culmino en la noche más oscura de la historia Argentina. Si la "burguesía fallida" del 1900 despreció la industria por su amor al latifundio, la élite económica que se consolidó a partir del 24 de marzo de 1976 operó un giro todavía más siniestro, el abandono definitivo del proyecto de producción nacional por el de la especulación financiera. Fue famosa una propaganda televisiva de aquella época que decía: “si me mandan al banco voy contento porque dan el 24%” de esa manera, entre otras, el sistema bancario trataba de fomentar la mentalidad especuladora en la sociedad, algo que persiste hasta nuestros días. Con el plan de José Alfredo Martínez de Hoz, la "burguesía nacional" mutó en una oligarquía diversificada que descubrió que era más rentable fugar divisas que modernizar plantas industriales.

 

La democracia condicionada y el festín de los “vampiros” en los 90

 

Tras la derrota de Malvinas en 1982, el régimen cívico-militar se cayó como un castillo de naipes” y abrió paso a una “democracia” condicionada, ya no por la represión militar sino por factores económicos internos y externos. La deuda externa privada de los “capitalistas” vernáculos fue estatizada apenas terminó la guerra, lo que incrementó la deuda externa del país que ya se había multiplicado durante el proceso “cívico-militar.  Iniciada la estatización de la deuda privada por Domingo Cavallo con la famosa circular “A251” en 1982, fue Julio González del Solar, presidente del Banco Central en noviembre de aquel año el que culminó la operación, toda una tragedia económica para el país cuya democracia nacía así con “una espada de Damócles” sobre las cabezas de todo el pueblo argentino. Al mismo tiempo se decía, y después se pudo constatar, que la deuda externa de aquel momento rondaba los 45 mil millones de dólares y los capitales privados fugados al exterior variaban entre 30 mil y 50 mil millones de dólares. Así operaba y opera nuestra “burguesía fallida”.

El diputado, financiado por un narcotraficante preso en los Estados Unidos,  José Luis Espert (1961) ya lo reconoció en su libro “La Argentina Devorada”: “los empresarios prebendarios”, ruegan por la obra pública porque “sin el dinero de los contribuyentes no construyen ni un nicho de cementerio”, por supuesto, el famoso “pelado que supo huir en moto, lo decía con otro sentido, su prédica era y es contra todo lo que sea nacional. Sin embargo, algo de razón tenía, las grandes fortunas en la Argentina nacieron al calor del Estado.

A lo largo del siglo XX, los empresarios, es decir la “burguesía” se vieron beneficiados con las políticas arancelarias y de subsidios que el Estado implementó para fomentar la industria nacional, sin embargo, en vez de constituirse en “motores” del desarrollo reinvirtiendo sus ganancias en más tecnología o innovaciones como sucedía en Alemania o Estados Unidos entre otros países desarrollados, decidieron fugarla, burlar al Estado y a la sociedad en general y, muchos de ellos, convertirse en parásitos que hoy utilizan como excusa los liberales para destruir ese mismo Estado al que ya le chuparon casi toda la sangre.

Lo sufrió Raúl Alfonsín (1927-2009), sus ministros de economía, Juan Vital Sourrouille (1949-2021) y Juan Carlos Pugliese (1915-1994). Al primer ministro el “mercado” le tiró abajo el “plan Austral” y el plan “primavera” que duró menos de una estación; el segundo ministro les habló a los empresarios con el “corazón” y le contestaron con el “bolsillo”. Esa fue la respuesta de nuestra “clase” empresarial, la élite económica que prefería fugar sus capitales al exterior o directamente invertir en otros países en bienes raíces, en ese sentido Punta del Este en Uruguay se vio muy beneficiada, aún hasta nuestros días, lo mismo que Miami en los Estados Unidos, dos “refugios” de nuestra “burguesía fallida”. Mientras tanto a mediados de 1989 el país entro en una hiperinflación que destruyó empleos y salarios y Alfonsín se vio obligado a entregar antes de tiempo el gobierno a Carlos Menen (1930- 2021) recientemente electo presidente por el Justicialismo que traía una “esperanza” nueva. Menem gobernó una década el país pero esa esperanza se convirtió en una nueva desgracia para la sociedad Argentina y una “fiesta” para los vampiros capitalistas, liberales y corruptos de adentro y de afuera.

Desde la perspectiva de un “Proyecto Nacional”, -inexistente después de la muerte de Perón-  el capital debe estar al servicio de la economía, y la economía al servicio del bienestar social. Cuando las grandes fortunas utilizan al Estado para acumular riqueza y luego intentan destruirlo, se las interpreta como una oligarquía parásita que carece de conciencia nacional. Perón, en La Comunidad Organizada, planteaba que el individuo no puede realizarse en una comunidad que no se realiza. Las grandes fortunas que buscan la desregulación total para maximizar beneficios individuales actúan contra la "Comunidad Organizada", rompiendo el pacto de solidaridad nacional.

El pensador y analista político, Norberto Galasso (1936) dice que “las élites argentinas siempre han funcionado como una "burguesía cipaya" o dependiente”. Según su visión, estas fortunas no generan capital para el desarrollo soberano, sino que funcionan como poleas de transmisión de intereses extranjeros. Cuando el Estado ya no les garantiza rentas extraordinarias o cuando el Estado exige redistribución, estas élites buscan destruirlo para favorecer modelos de acumulación extractiva. Galasso supo anticipar la actualidad de la Argentina con el gobierno “anarcocapitalista”

 

 

El chupete, el estallido del modelo y una nueva esperanza

 

La crisis de 2001 no comenzó con Fernando de la Rúa (1937-2019), sino que fue la fase terminal del modelo liberal que se agudizó en los años 90 pero que tiene origen en el golpe  cívico-militar de 1955. Más de 45 años para entonces de destrucción sistemática del Estado va a producir un estallido en la sociedad. El 2001 fue un ejemplo de manual de cómo un gobierno que se somete a los dictados de los centros financieros internacionales, el FMI, entre otros y a los intereses de las empresas privatizadas pierde su capacidad de ejercicio de la soberanía. Incluso en aquellos días se hablaba de una intervención extranjera en el manejo directo de la economía. El famoso corralito no fue solo una medida técnica, sino la expresión máxima de un Estado que, en lugar de proteger el ahorro de los trabajadores y la clase media, decidió bloquearlo para garantizar el pago de la deuda externa y la remisión de utilidades hacia el exterior. La ruptura del contrato social era evidente y no había marcha atrás. Finalmente, De la Rúa se fue del gobierno en helicóptero. Nuevamente, como más de un siglo atrás, el liberalismo y la corrupción unidos en un proceso de crisis social, económica y política y, junto a ese liberalismo y corrupción los empresarios, la élite económica de Argentina en un “sálvese quien pueda” también huyendo pero a Miami. Adentro quedaron los desempleados, los piqueteros, los cartoneros, entre muchos otros a “remar” la grave situación social.

Tras la semana de los cinco presidentes, el último, Eduardo Duhalde (1941), presionado por la movilización social y para evitar un nuevo estallido, va habilitar un año y medio después elecciones presidenciales y una nueva perspectiva social y política se abriría para la Argentina.

Néstor Kirchner (1950-2010) con apenas el 22% de los votos quedó segundo detrás de Menen, el otro candidato que había logrado el 24%, ambos debían definir en una segunda vuelta, sin embargo, el riojano generaba un fuerte rechazo en la sociedad por lo cual decidió renunciar a su postulación y de esa manera se consagró nuevo presidente el “pingüino” que venía del sur quien aún era una incógnita para la mayoría. A partir de 2003 la decisión política de Kirchner fue recuperar y poner en práctica las viejas banderas del Justicialismo, “Independencia Económica, Justicia Social y Soberanía Política”. Nada más anunciar algunas primeras medidas en ese sentido puso en alerta a toda la banda de empresarios que siempre quisieron lo contrario, comenzó así una “guerra” desigual que el “mercado” le haría pagar caro al kirchenrismo naciente. El gobierno de Kirchner fue un gobierno nacional y una pausa de la destrucción pero no cambió la esencia del problema liberal heredado. No pudo derogar la ley N°21.526 conocida como la “ley de Entidades Financieras” publicada en 1977 durante el comienzo de la dictadura de Jorge Rafael Videla (1925-2013) y su ministro de economía José “joe” Alfredo Martínez de Hoz (1925-2013), y que constituía el “corazón” de la especulación financiera en el país. “Hecha la ley, hecha la trampa” dice el dicho popular, en efecto, el poder real en Argentina tiene  mecanismos para asegurar la continuidad de sus instrumentos de dominación. Al ser una ley que rige el corazón del sistema financiero, cualquier modificación drástica sin un proyecto de país y de construcción política sólida podía, en aquel momento, generar una desestabilización del sistema o una fuga masiva de capitales que el gobierno no estaba en condiciones de enfrentar durante los primeros años de reconstrucción. Esa debilidad en el enfrentamiento con los  factores de poder y concentración económica nacional e internacional dio aire al regreso de la derecha al gobierno con Mauricio Macri (1959). El "ingeniero" fracasó y se creyó en 2019 que Alberto Fernández (1959) abriría una nueva ilusión para el campo nacional y popular, nada más  equivocado, Alberto no sólo fue un inepto sino una estafa electoral que  favoreció la vuelta del liberalismo en su peor versión con Javier Milei, el loco de la motosierra,  cuyo proyecto es eliminar diez millones de argentinos, particularmente jubilados y personas con discapacidad,  desfinanciar la educación y la salud para hacer un país viable para la élite aliada con el poder económico extranjero.

 

 

“Crónica de una muerte anunciada”

 

Desde diciembre de 2023 a la fecha, Según un informe del Observatorio de Industriales Pymes Argentinos (IPA), actualmente se contabilizan unas 46.728 empresas que cerraron sus puertas o quebraron. Al mismo tiempo el desempleo creció a pesar de las cifras oficiales. Se estima que entre desempleados del sector público y privado la cifra, según datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) hasta el primer trimestre de 2026, rondaría las 300 mil personas creciendo el trabajo informal y precario. Muchos empresarios que debieron achicarse o incluso cerrar sus puertas, apoyaron el gobierno de Milei. Es una paradoja pero, pese al deterioro evidente de la actividad económica, pérdida del poder adquisitivo de la mayoría, la baja en el consumo, etc. las principales cúpulas empresariales, nuestra élite económica, apoyó y apoya este modelo de destrucción del Estado que gestó la reforma laboral, por la cual los trabajadores van a perder muchos de sus derechos conquistados durante décadas de luchas. Es que, en el fondo, el objetivo es terminar de destruir cualquier atisbo de Justicialismo e impedir que los trabajadores se manifiesten políticamente. Siempre fue el mismo objetivo desde principios del siglo XX, liberalismo económico para la “burguesía fallida”, sometimiento y palos para los trabajadores. Más aún, el desprecio del poder económico  concentrado hacia los trabajadores es de un cinismo inédito, afirman que la necesidad de reformas estructurales, incluyendo la reforma laboral, asumiendo que el "costo" del proceso -en términos de cierre de empresas y caída de actividad-  es una etapa inevitable para alcanzar la “estabilidad”. Literalmente “escupir al cielo”. Aún está por verse quiénes sobreviven a esta destrucción sistemática de la actividad económica en Argentina.

A medida que avanzó este año 2026, la crisis económica se fue profundizando con nuevos cierres de empresas y despidos, al mismo tiempo saltaron los escándalos de corrupción más resonantes que involucraron a la hermana del presidente, Karina Milei (1973), a su principal vocero Manuel Adorni (1980) y ya antes tuvo que renunciar a su candidatura y a su banca en diputados Espert por sus vínculos con un narcotraficante.

La entrega y alineamiento con Estados Unidos es el único sostén del gobierno y aunque la clase económicamente dominante apoya esa política ven que el comportamiento de Milei se vuelve cada vez más excéntrico, provocador y descontrolado lo que puede agravar para ellos la situación de crisis social y promover un retorno del Justicialismo al poder, algo que quieren evitar. Ven que la economía no crece a pesar del relato, las mentiras del ministro de economía, Luis “toto” Caputo (1965), chocan con la dura realidad todos los días, la inflación en alza y la caída de la recaudación indican que el experimento “libertario” se cae a pedazos. La reciente reunión del dueño de Techint,  Paolo Rocca (1952) con Macri no es casualidad. Don “chatarrín”, como lo bautizó el presidente, es una de las cabezas de la “burguesía fallida” local que ve con preocupación el curso de los acontecimientos. Es la “punta del iceberg de un creciente malestar en los dueños del poder real. Distintos actores ya piensan en un plan “B” con el propósito de conservar la transformación, es decir la destrucción, estructural del Estado con la finalidad de conservar su poder e impedir la posibilidad de un nuevo Proyecto Nacional encabezado por el Justicialismo en 2027.

En resumen, con los más y menos esta fue y es la radiografía, apenas superficial, de los liberales corruptos y vampiros de Argentina a lo largo de más de dos siglos con breves intervalos.