• Una burguesía nacional fallida- Por Juan Maya- 1ra. Parte

Fecha de Publicación: 03-05-2026

Por: Juan Maya-Colaboración

Liberales y capitalistas, vampiros argentinos

El punto de partida

Los antecedentes del inicio de las prácticas capitalistas, en lo que después se denominará República Argentina, se remontan al final de la colonia en el siglo XIX, al principio sólo fueron predominantemente mercantilistas y coloniales.

Mientras que, en Inglaterra a mediados del siglo XVIII, se había iniciado un proceso de transformación económica y social -que mucho después va a ser conocido como la primera Revolución Industrial-, este constituyó el núcleo de lo que Alejandro Galliano llamó en su libro “La máquina ingobernable” el “software” del capitalismo naciente, que se va a expandir, especialmente en las colonias británicas y luego al resto del mundo. El célebre escritor Charles Dickens (1812-1870), con su literatura de denuncia social fue un cronista de las luces y, sobre todo, de las sombras del comienzo del capitalismo temprano en Gran Bretaña. Sus historias no fueron solo relatos de ficción, sino espejos sociales que capturaban la transformación radical de la sociedad inglesa.

En “Nuestra América”-Abya Yala, medio siglo después, los incipientes comerciantes criollos buscaron por distintos medios romper el monopolio exclusivo que tenía España con sus colonias. Tras las intentonas inglesas de invasión en 1806 y 1807, se produjo la Revolución de Mayo de 1810 que, además del propósito de emancipación de la metrópoli, buscó libertad de comercio, impulsada por ganaderos y comerciantes que querían comerciar sin intermediarios directamente con Gran Bretaña, la otra potencia colonial de la época.

El capitalismo en el Virreinato del Río de la Plata no nació de la industria, sino de la tierra, el contrabando y el tráfico de esclavos, entre otras actividades clandestinas. Ya en aquellos orígenes aparecía la corrupción como uno de los rasgos de la vida colonial, se podría afirmar que fue una “institución” destinada a evadir el control que España imponía a sus colonias. El puerto de Buenos Aires fue un foco de comercio ilegal con británicos y portugueses. Ese intercambio fuera de la ley introdujo la lógica del libre comercio y la acumulación de capital en manos de una “burguesía” comercial criolla y porteña que nacía de la mano del liberalismo y la corrupción, lo cual, además, destruyó la ya débil industria artesanal de las provincias. En ese sentido, como dice Galliano en el libro mencionado antes, el “mercado capitalista” no surgía de la libertad del intercambio sino de un grupo de vivos que constituían un monopolio para la época.

Después de la declaración de la independencia el 9 de julio de 1816, el naciente Estado de las aún denominadas “Provincias Unidas del Río de la Plata”, antecedente previo de la República Argentina, fue generando distintas instancias legales que promovieron la actividad privada. La ideología que movía a aquellos hombres era el liberalismo, que en estas tierras tenían interpretaciones curiosas, por ejemplo, el presidente Bernardino Rivadavia (1780-1845) dictó la ley de enfiteusis de 1826 -uno de los pilares del pensamiento liberal en su momento- lo que permitió que grandes extensiones de tierra pública pasaran a manos privadas a perpetuidad por el pago de un canon, aumentando las bases de la clase terrateniente. Esas tierras el Estado no las podía vender porque eran la garantía del empréstito de la Baring Brothers, primera gran deuda externa que recién se terminó de pagar en el siglo XX.

Tras la derrota de Juan Manuel de Rosas (1793-1877) en Caseros el 3 de febrero de 1852, la nación se organizó sobre la base liberal que se estableció en la Constitución de 1853. Según Galliano, “técnicamente la “República Argentina” nació el 1° de octubre de 1860 con la promulgación de la Constitución de 1853 que consagró ese nombre”. El liberalismo fue la ideología imperante, tanto en Europa como en las colonias que fueron ganando sus independencias.

A partir de esa Constitución, la República Argentina sentó las bases jurídicas de un orden capitalista en el país, compatible con el orden mundial establecido por Gran Bretaña que se convirtió en exportador industrial y nosotros en exportadores de alimentos. Aquella Constitución, entre otros derechos, consagró el “derecho a la propiedad” en su artículo 17, el cual se constituyó como la base fundamental para la acumulación de capital. Otro derecho fue el de la “libertad de comercio y de trabajo”, “igualdad ante la ley”, “libre navegación de los ríos”, etc. Todos estos derechos reflejaron el espíritu liberal clásico, especialmente los planteados por Juan Bautista Alberdi (1810-1884) en su obra “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”.

La Constitución de 1853 no sólo organizó políticamente el país, sino que definió las “reglas de juego” del capitalismo argentino, propiedad privada más mercado más apertura externa y Estado garante. “La teoría de la dependencia en los años sesenta del siglo XX va a denunciar en Nuestra América, “una gravosa apropiación de excedentes por su inserción subordinada al mercado mundial y señaló que esas confiscaciones perpetuaron el estancamiento regional”. Cualquier parecido con el presente no parece casualidad, las políticas actuales en este 2026 del gobierno “anarcocapitalista” atrasan más de un siglo.