• La esperanza es una construcción colectiva

Fecha de Publicación: 12-04-2026

Por Koly Bader-FSN-Tucumán

La corrupción y el enriquecimiento ilícito de los funcionarios no es lo peor que nos pasa. Es la ideología de derecha la que nos tendrá atados por mucho tiempo. Diría que si en las próximas elecciones tienes un candidato a presidente en el que crees para cambiar las cosas en profundidad, no lo votes. Sólo lo condenarás al fracaso. La derecha ha logrado en sus sucesivas intervenciones en el poder político no solamente cambiar la superestructura legal de la Nación sino endeudarnos de tal modo que la soberanía esta seriamente comprometida. No habrá en el futuro próximo ninguna política gubernamental que pueda librarse de ese determinante lastre. Con el poder judicial como legitimador de la inconstitucionalidad y la entrega del país ese escenario se perfecciona. Sólo hay una manera de cambiar para siempre y es construyendo esperanza y la esperanza es una construcción colectiva. No depende de mágicos dirigentes ni de voluntarismos progresistas. Depende sólo de la confluencia de la mayoría del pueblo en la convicción de que dentro del capitalismo reinante no hay salida. No hay salida mientras el “progreso” sea interpretado como el mayor tamaño de las empresas, mayores ganancias, o mayores inversiones en el presente, pero destruyendo el futuro. Como lo es la megaminería y todas las políticas económicas basadas en el extractivismo. Para “dar empleo”…supuestamente.

Creer no resulta suficiente, lo suficiente es crear. Encontrar la manera de romper con las eternas vueltas atrás donde la derecha, los ricos, los poderosos, siempre ganan algo más.

El progresismo, hasta ahora, se contentó (o nos contentó) con subsidios tarifarios, planes sociales, buenas paritarias, aumento de las jubilaciones y todo eso esta muy pero muy bien. Pero si no esta acompañado de que los ricos paguen más y no cada vez menos como los aportes patronales o los impuestos. Si no esta acompañado de que los bienes comunes sean protegidos, si no está acompañado del concepto de que las riquezas que genera el país son del país y su gente, solo seguiremos financiando el bienestar de los países centrales y la obscenidad de la riqueza de los ya muy ricos de aqui.

Es claro que muchos piensan que cuando se vaya Milei vendrán tiempos mejores y tienen algo de razón, pero solo parcialmente. Porque si seguimos como en los últimos 50 años muchos de los cambios que ya se produjeron, para la desgracia del pueblo, no volverán atrás, sino que se diseñarán políticas paliativas. Paliativos que calmarán las aguas por un tiempo hasta que ellos vuelvan con otro personaje, pero las mismas políticas económicas que tienen desde hace décadas. Y entonces logren un pasito más que va normalizando la idea de que son ellos los que tienen derechos y razón y no la razón del pueblo.

Por eso digo que la esperanza es una construcción colectiva. Construcción porque se trata de levantar desde abajo un proyecto político de país verdaderamente revolucionario, y colectiva porque sólo entre todos y todas se conformará la fuerza suficiente para “voltear la tortilla”. Y, como hemos podido experimentar, las elecciones parecen no servir para eso al menos hasta ahora. Llevamos desde el 83 probando y lo único que vuelve son ellos. Y cada vez peores.