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8M, una mirada masculina en deconstrucción
Fecha de Publicación: 15-03-2026
Por Francisco Ramos-FSN-CABA
Que nos vino a develar el feminismo popular en las últimas décadas?
Que además del sistema opresor global imperialista y de clase, también existe hace miles de años una super explotación contra la mujer empobrecida, y que en verdad no es un agravante del sistema sino la raíz de la estructura de poder que sobrevive con diferentes formatos a lo largo de la historia y que llamamos patriarcado. La original imposición de las decisiones en base a la fuerza física del macho humano sobre las mujeres, y también entre el mundo varonil del más fuerte de la tribu. Luego, esa ley natural de la selva humana se traslada entre los pueblos, y aparecen pueblos guerreros que someten a otros pueblos pacíficos, con el papel preponderante de los hombres más fuertes en esa escala jerárquica de poder.
Un clasismo de género que se traslada del patriarcado tribal al esclavista, y posteriormente al feudal donde algunas pocas mujeres gozan del privilegio de formar parte de las familias reales de la nobleza pero sin acceso a la cultura y lectura sólo privativos de clérigos hombres.
Las mujeres americanas, aunque resistidas, fueron grandes protagonistas en nuestras guerras emancipadoras y se ganaron un lugar en la sociedad y en la historia, que hasta hace muy poco fue ninguneada por el machismo político reinante.
Con el desarrollo de las fuerzas productivas el capitalismo necesitó que las mujeres se incorporen al mercado laboral para aumentar la producción y la explotación también de la mujer, que ya no sólo era ama de casa y criaba la descendencia, sino que ahora debía trabajar afuera de su hogar. La participación de la mujer en las fábricas y otros empleos la incorporó a la vida gremial y empezó a ganar espacios de representación social y partidaria, con mucho esfuerzo y siempre devaluada por la mirada patriarcal, un sistema reproducido por las mismas mujeres que por años educaron a sus hijas a obedecer al varón, padre, hermano, esposo, y aguantar en silencio ese sometimiento, muchas veces extremo de abuso y violación intrafamiliar.
Pero la lucha feminista viene logrando espacios de igualdad muy importantes en las sociedades modernas, en la política y la cultura, y sobretodo nos ha hecho reflexionar a los hombres de todas las edades que no sólo hay privilegios de clase sino de género, absolutamente injustos que cada pareja o familia debe replantear y configurar en nuevos contratos consensuados descartando viejas miradas y prejuicios sobre costumbres arraigadas que ni se discuten, porque ni se ven...
Los roles tradicionales de género transmitidos por generaciones pueden y deben ser cuestionados y revisados, hacer una cruda autocrítica en la normalización de esis "beneficios" adquiridos que no soportan razonamiento alguno sobre la igualdad de derechos entre las personas, en una pareja, en la familia y en la sociedad. Por tanto, el feminismo popular militante no es ya una cuestión de género binaria sino de aprender a aceptarnos y querernos sin sacar ventajas económicas, de tiempo y/o esfuerzo entre nosotros, y de conversarlo todo en base a acuerdos que otorguen de sentido a la palabra "pareja".
Esa postura de poder hetero masculino sobre la mujer sometida, llevada al extremo del castigo físico y el feminicidio no puede seguir ocurriendo en una sociedad civilizada, es absolutamente inaceptable trasladar los códigos de poder cavernícola sobre mujeres al límite de asesinarlas por el sólo motivo de no soportar que nos dejen, allí donde el amor propio destroza al supuesto "amor" de pareja.
Al lado de semejantes abusos de miles de hombres perpetrados sobre mujeres en la historia, y de otras mujeres avalando esa conducta, las presiones del macho proveedor son insignificantes, pero también entran en este macabro juego de la estructura patriarcal que supera los sistemas económicos de dominación.
Gracias al feminismo militante, algunos hombres como yo vamos tomando nota y re aprendiendo valores que creíamos normales y son realmente injustos.
Depende de nosotros mismos el no mirar para un costado y de algunas mujeres reflexionar sobre la educación que hemos recibido, que no es tan santa y puede modificarse.