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El optimismo, ¿tiene fundamentos?
Fecha de Publicación: 18-01-2026
Por Armando Benitez – FSN - Chaco
“Empieza por hacer lo necesario, luego lo posible, y de repente estarás haciendo lo imposible”. San Francisco de Asís.
Aún en estas épocas, ¿podemos tener esperanzas? En nuestra vida cotidiana, esta pregunta se nos presenta de distintas maneras. El ser humano reacciona ante cada hecho, de modos diferentes. Sin embargo, creo que hay dos principales: resignarse o resistir.
Esto es así desde que nos formamos como comunidad humana. En esos grupos había quienes se resignaban y otros dispuestos a seguir peleando por su vida.
Si hoy estamos aquí es por la esperanza de esas primeras personas.
El hombre primitivo no lo supo, pero desde hace mucho se ha comprobado que la mano de un ser humano es distinta a la del mono, aunque muy parecida. Nuestra mano tiene el pulgar oponible, con esa mano podemos trabajar, modelar, dibujar, escribir, pintar, crear.
Así es como la naturaleza ha sido transformada por el humano y esta siendo destruida por los grupos dominantes a los que sólo les interesa acumular riqueza material.
No obstante, en la actualidad ya hay noticias esperanzadoras sobre el futuro de la Tierra, el planeta que habitamos, al que pertenecemos. El aprovechamiento de la energía solar es una, otra es la desalinización del agua de mar y tantas más.
Pero claro, a aquel que hoy sufre necesidades básicas, eso no le importa, aunque no se resigna a tener hambre y dejarse morir. Es por eso que, aun con pocas esperanzas, sube a una barca repleta de desahuciados y se juega a cruzar el mar y llegar vivo a otras tierras, en busca de algo mejor.
La necesidad es uno de los fundamentos esenciales para ser optimistas. Hay que conseguir el pan, como sea, aunque si se deja la historia de lado, se puede caer en la resignación a ser explotado La dignidad como persona es otra palanca que empuja, que da fuerzas, tiene mucho que ver con sus derechos como ser humano. El hombre es consciente sabe que esta situación no será para siempre…
La historia es tal vez el fundamento más importante, tanto la personal como la del conjunto de la humanidad. Hoy muchas personas tienen mejor pasar que la que tenían sus bisabuelos y esa impronta familiar es un mandato.
Los sueños tal vez sean las principales víctimas de la resignación, pero están, dan fuerza y paciencia. El optimismo sólo acaba con la muerte.
El sacrificio de muchas personas a lo largo de la historia sigue dando pié a la esperanza, son los mártires, los próceres, fueron hombres, mujeres y diversidades que apostaron por la felicidad humana.
Ni la muerte en una cruz, en la hoguera, en la tortura, por cuatro balas en el pecho o por bombas atómicas, hizo perder el optimismo a los luchadores y luchadoras.
El tema es el tiempo, algunas cosas pueden cambiar de inmediato, pero otras no. Los cambios se producen primero en los hechos y luego son plasmados en leyes, convenios, acuerdos, cartas, etc. etc.
El hambre de una persona puede saciarse si tiene algún lugar adonde ir a comer, pero la hambruna que sufre una parte importante de la poblacion mundial tiene otro tiempo, otros condicionantes y otras soluciones...
El cambio de la actual situación politica, económica y social de nuestra Patria llevará su tiempo, si será corto o largo dependerá de la cantidad de optimistas y esperanzados que resistan, y que elaboren un proyecto alternativo.
La confianza y la solidaridad serán indispensables para la ardua tarea, y no se demuestran en discursos, sino en la práctica. Cambiar nuestra práctica cotidiana, pedir o dar ayuda es una necesidad y es posible hacerlo, conformando colectivos sociales potentes.
El ser humanos es gregario, no puede vivir solo, es compartiendo su vida como se ha desarrollado hasta hoy. Si a la realidad, por más dura que sea, se la enfrenta con compañía, se puede ser optimista.
Esto lo dice quien estuvo solo, en un calabozo oscuro, desnudo y mojado, en pleno invierno en una cárcel del sur, donde todos los que estaban en ella eran rehenes de la Dictadura. Esos rehenes conformaron un colectivo maravilloso, que resistió y pudo sobrevivir a la tragedia.