• El desafío de construir un “nosotros”

Fecha de Publicación: 11-01-2026

Por María Rita Ciucci – FSN – Santiago del Estero
 
Resulta casi imposible sustraerse a la provocadora interpelación hecha por Mario Santucho en el Manifiesto editorial de la Revista Crisis Nº 70, desarrollada y explicada en diversas entrevistas en radios, programas de TV y streaming.
Escrita un mes antes del bombardeo a Caracas y el secuestro del presidente venezolano, así como del intento de golpe a Traoré en Burquina Faso, los hechos dan mayor verisimilitud a las hipótesis que plantea el hijo del líder revolucionario del PRT-ERP.
 
Sostiene la perentoria necesidad no sólo de la revisión crítica de nuestras categorías para pensar la realidad sociopolítica, sino la urgencia de producir nuevas. Nuestros esquemas tanto de pensamiento como de acción, resultarían anacrónicos para interpretar un orden del mundo que ha cambiado completamente sus reglas. 
 
A nivel global la voracidad imperialista, en esta nueva etapa, se expresa políticamente en la ultraderecha y su principal característica es el ocaso de la democracia liberal, el desconocimiento del relato de la representatividad de las instituciones y por lo tanto, de cualquier derecho del pueblo. Necropolítica lisa y llana.  En esta ruptura, la emergencia del poderío económico de China con su “modus operandi” no sería un tema menor. Desde el poder concentrado se lo interpreta como la inutilidad e ineficacia de la democracia, que es considerada un estorbo.
 
Salvando las distancias y la escala, me permito una analogía. Me recuerda a la “crisis del Sputnik”, cuando en 1957 Rusia lanza al espacio el primer satélite artificial. En ese momento, EEUU se consideraba “la” potencia mundial en tecnología espacial y el desarrollo de misiles. Así, este hecho sacudió la opinión pública estadounidense y generó una reacción de crisis en los principales periódicos nacionales. Profundizó la Guerra Fría y fue creciendo en un sentimiento de temor sobre las posibilidades e intenciones de la entonces Unión Soviética. Y más allá de desencadenar la llamada “carrera espacial”,  llevó a los EEUU a tomar una serie de medidas, principalmente iniciadas por el Departamento de Defensa.
 
El proceso de quiebre, actualmente, es más profundo y contundente. China es percibida como un peligro real y muy concreto para la hegemonía estadounidense y tanto su modelo de gestión política como productiva, hicieron que los poderosos del mundo consideraran necesario patear el tablero y cambiar las reglas de juego.
 
Santucho propone además, un análisis de lo específico del proceso en nuestro país. Las promesas incumplidas de la democracia durante los últimos 40 años, aunque no de modo lineal, fueron generando un caldo de cultivo para producir subjetividades permeables al discurso de la ultraderecha. La destrucción del suelo de consensos conquistados y la violencia instalada en todos los ámbitos tanto discursivo como en la propia dinámica del poder, hacen difícil avizorar el horizonte mediato.
“Nuestro enemigo tiene campo libre para avanzar con sus tropelías y veremos a la política tradicional debatirse entre la colaboración y la impotencia”, sostiene.
 
La oposición no logra articular una respuesta ni construir una propuesta más allá de un pragmatismo anacrónico a estas alturas, la resistencia social aparece atomizada, la confianza de los sectores populares en la posibilidad de una sociedad más justa ha retrocedido mucho y crece la fragmentación. Frente a este escenario, qué hacemos? 
 
Tal vez comenzar apelando al pasado que custodia la memoria colectiva que pone en juego los conflictos recurrentes que lo formulan y reformulan incesantemente. La pluralidad de voces es un rasgo fundamental de la comunidad política. No se trata sólo ni fundamentalmente de esfuerzos subjetivos para elaborar las experiencias traumáticas, por la identificación, el duelo, el olvido, u otros procesos. Se trataría de producir y sostener comunidad.
 
Hurgar en ella para reencontrar las claves que nos permitan sacudirnos, en cuerpo y mente, para, frente a la necropolítica, lograr reinventarnos como combatientes por la vida