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Una lápida sobre el Derecho Internacional
Fecha de Publicación: 11-01-2026
Por Francisco Ramos - FSN
El Imperio ha decidido hace tiempo volver la mirada sobre su "patio trasero", olvidado por otros conflictos en otras latitudes, allende los mares.
A través de una renovada doctrina Monroe, con un colonialismo a la inglesa adaptado al siglo XXI, donde su majestad Rey Trump controla los "Estados No Unidos" con Virreyes impuestos, por diferentes métodos: electos allí donde sea posible, como resultado del ataque cultural y la tibia respuesta interna; y por la fuerza donde haya cierta resistencia popular y soberana que se oponga al saqueo imperial, ya que después de todo, esa es la idea del dominio político, la explotación de recursos de sus nuevas "estrellas" o estrellados.
Esta descarada Ley de la Fuerza reemplaza y desplaza, lisa y llanamente, a todo el Derecho Internacional entre las Naciones, que ya no existe. Si bien en las últimas décadas vivimos el sueño de las organizaciones e instituciones globales que ya sólo eran declamativas, con votaciones formales que EEUU, Inglaterra e Israel nunca respetaron, hoy le han puesto la lápida con la política de los hechos consumados.
De esta manera, el otrora ex gendarme del mundo se convierte en el comisario mayor de América, en esta repartición planetaria, luego del surgimiento de China como principal actor triunfante de la guerra comercial global. Esto implica un grave peligro para todos los proyectos soberanos americanos en curso como México, Colombia, Cuba y Brasil que no casualmente son quienes rechazaron con decisión la operación del secuestro (no la "extracción") de Maduro sobre la plena capital bolivariana.
Esto no fija un precedente, en todo caso es un pos cedente que ratifica decenas de intervenciones precedentes en América y otras regiones.
La doble jugada de secuestrar el petróleo venezolano, de rebote, impide con toda intención la asistencia energética de la Revolución Bolivariana hacia Cuba, presionando aún más la situación económica de la Isla de la Dignidad.
El Imperio con esta doctrina de "Nuestro Hemisferio" mira también sobre Groenlandia, territorio dinamarqués, sin importarle viejos tratados con Europa, a la que desea dividir como Comunidad, acordando con Rusia y China, territorios de cambio, pateando su conflicto estratégico con Pekín para alargar una convivencia que le de oxígeno en su decadencia terminal.
La continuidad de esta política yanqui abiertamente colonial sobre Sudamérica dependerá de la capacidad de reacción y movilización de nuestros pueblos, pero el panorama es más que complicado, no sólo por la superioridad militar del imperio, sino por el debilitado factor interno, lleno de traiciones y divisiones en nuestras dirigencias políticas locales.
Sin una Unidad fortalecida de la Patria Grande será más que difícil una respuesta efectiva contra los planes del Imperio del Hemisferio Occidental.