• El imperio no paga traidores

Fecha de Publicación: 11-01-2026

Por Horacio Rovelli – FSN
 
Francisco “Pancho” Ramírez (1786-1821) se sumó muy joven a las fuerzas artiguistas como chasqui y, por su destreza en el uso de las armas y del caballo, ascendió rápidamente para ser considerado lugarteniente de la Liga de los Pueblos Libres.  En esa función se le dio mando de tropa y con ella venció a las fuerzas porteñas en la Bajada de Paraná, y en el Arroyo de la China (Hoy Concepción del Uruguay) en 1819.
 
En 1820 tras la batalla de Cepeda, donde se enfrentan las tropas de Santa Fe y Entre Ríos, por él dirigidas, contra las fuerzas porteñas de José Rondeau, llegan a Buenos Aires y atan sus caballos en la pirámide de la Plaza Mayor, para posteriormente acordar con los porteños en el Tratado de Pilar.
Los porteños representaban a la British Comercial Room, conformada por comerciantes ingleses y criollos (familias como los Sáenz Valiente, Almagro, Santa Coloma, Rodríguez Peña, Bosch, etc.), y a los dueños de saladeros y vaquerías.
 
Los caudillos federales victoriosos, el santafesino Estanislao López y el entrerriano Francisco Ramírez, firmaron con Manuel de Sarratea quien representaba a Buenos Aires, el Tratado de Pilar. Por este tratado, las provincias (incluida Buenos Aires) se pronunciaban por la federación, y se llamaba a un congreso general que se reuniría en San Lorenzo (Santa Fe). Ramírez se comprometía a invitar a Artigas a unirse al tratado, no ya como subordinado, sino como aliado del “gobernador de la Banda Oriental”. Y en una cláusula secreta, el gobernador porteño se comprometía a entregar abundante material de guerra a los jefes federales, para enfrentar a Artigas.
 
José Gervasio de Artigas(1764-1850) le contesta en abril de 1820 a Ramírez: “El objeto y los fines de la Convención del Pilar celebrada sin mi autorización ni conocimiento, no han sido otros que confabularse con los enemigos de los Pueblos Libres para destruir su obra y atacar al jefe supremo que ellos se han dado para que los protegiese; y esto es sin hacer mérito de muchos otros pormenores maliciosos que contienen las cláusulas de esa inicua convención y que prueban la apostasía y la traición de vuestra señoría”.
 
Ramírez con el refuerzo de mil hombres y artillería de todo tipo comandado por Lucio Norberto Mansilla, prepara la celada del otro lado del arroyo Las Tunas, cerca del actual San Benito, en un lugar escondido y estratégico, un lugar desde donde pueden tirar con artillerías y fusiles sin ser vistos y aniquilar las tropas de Artigas sin riesgos. Hacia allí van entrampadas las caballerías gauchas y allí son diezmadas, el 24 de junio de 1820, tiñendo de rojo el arroyo con su sangre y la de sus caballos. 
 
Pero Ramírez es solo un vil instrumento de Buenos Aires, tiene ínfulas de perseguir a Artigas y cuando José Gervasio de Artigas ingresa al Paraguay, le exige a Gaspar Rodríguez de Francia su extradición, que le es denegada.  Se plantea atacar al Paraguay y le pide refuerzos a Estanislao López y a Buenos Aires, pero el mismo Lucio N. Mansilla lo desobedece y se pasa del lado santafecino. Estanislao López ya había firmado el Tratado de Benegas (24 de noviembre de 1820) en el que  acordaban Santa Fe y Buenos Aires el libre comercio de armas, municiones, y todo artículo de guerra entre las partes contratantes. Por su parte, Juan Manuel de Rosas, le entrega a López 25 mil cabezas de ganado de sus estancias, en resarcimiento por la guerra entre ambas provincias.
 
Excluido Ramírez del tratado de Benegas, decidió enfrentar a López. A principios del mes de mayo de 1821, el coronel Anacleto Medina cruzó exitosamente el río Paraná hacia Santa Fe, y capturó las monturas de López, privando a este de su caballería. Pocos días más tarde, el cuerpo principal del ejército de Ramírez desembarcaba también cerca de Coronda. Allí tomó por el flanco a la columna dirigida por el tucumano (al servicio de Buenos Aires) Gregorio Aráoz de Lamadrid, que se dirigía a reforzar a López, y la desarmó.
Pero Lucio N Mansilla embarcó sus hombres y artillería y destruyó la flota de Ramírez, cortando las comunicaciones con Entre Ríos, e impidiendo el avance de Ramírez y Medina hacia el sur.  Ramírez, ante la superioridad del enemigo marchó hacia el oeste.
 
El 10 de julio, uno de los oficiales de López lo derrotó en una breve batalla en Chañar Viejo (cerca de Villa de María de Río Seco y de San Francisco del Chañar), logró escapar, pero al descubrir que su mujer (Delfina), que había luchado a su lado durante toda la campaña, había sido capturada, regresó a rescatarla. En ese momento fue muerto de un balazo.
 
A Artigas y a la Liga de los Pueblos Libres no lo vencieron las armas portuguesas, españolas y porteñas, lo vencieron los grandes intereses del imperio británico que ya habían acordado con un minoritario sector de la sociedad de Buenos Aires la división del trabajo, donde las amplias llanuras pampeanas debían proveerle de alimentos y materia prima a la gran industria inglesa que lideraba el proceso de producción en serie y pagaba con la venta masiva de productos extranjeros que destruyeron la incipiente industria local. Nuestros gauchos adinerados vestían levita inglesa, calzaban botas inglesas y hasta las riendas, la cabezada, el bocado y el recado eran ingleses.
 
Las provincias de Santa Fe y Córdoba, se subordinaron al comercio inglés y al puerto de Buenos Aires. Y ya vencido Ramírez, se nombró gobernador del litoral oeste del Río Uruguay, a Lucio N Mansilla, quien hizo lo propio.
El gobernador Martín Rodríguez, tuvo como primer ministro a Bernardino Rivadavia, quien tomó el primer empréstito con la Baring Brothers de Londres, el 1 de julio de 1824, en 2.000 obligaciones de 500 libras cada una, a razón de 6% anual, totalizando 1.000.000 de libras esterlinas, de los cuales ingresaron al país 570.000 libras, debido a descuentos, comisiones y el pago adelantado de intereses, terminando de pagarse en su totalidad 80 años después, por un monto mucho mayor.  Comenzaba así el ciclo de endeudamiento y dependencia.