• No debe existir un Estado sionista como no debe existir un Estado nazi

    Al parecer el sionismo cumple mejor con todas las condiciones necesarias para representar en la política las estructuras económicas a que ha llegado el capitalismo en su desarrollo. 

Por Koly Bader-FSN-Tucumán

Aparece como una ironía de la historia que las víctimas del siglo XX sean los victimarios del siglo XXI. En ambos casos la religión ha tenido poco que ver, aun cuando la religión siempre ha compartido escenario con la política y el poder. Unas veces como enmascaramiento de la lucha por él, y otras veces como invaluable herramienta de dominación.

En esta parte del presente siglo se habla de una suerte de resurgimiento del fascismo a falta de un nuevo término que describa lo que esta etapa del capitalismo produce como sistema político en correspondencia a su proyecto económico en curso.

Al parecer el sionismo cumple mejor con todas las condiciones necesarias para representar en la política las estructuras económicas a que ha llegado el capitalismo en su desarrollo. Es claro que las características de su aplicación en los países centrales es algo diferente a lo que nos toca como periferia, pero no es algo distinto en realidad. Así como la derecha europea o norteamericana no es igual a nuestras derechas dependientes ni tampoco lo es la izquierda, igualmente el sionismo tiene un componente pragmático ajustable al rol asignado a los países o regiones que llamamos periferia, emergentes, tercermundistas o como sea que se los denomine.

Hay un solo principio del pragmatismo y es su absoluta falta de principios. La política opera según la necesidad del poder real que no es otra cosa que el poder económico. Es el poder económico el que habilita los avances, le pone límites y resuelve los retrocesos que le son necesarios para mejor realización de sus ganancias. Allí está la explicación de la complicidad del “mundo occidental” con lo que ya es el holocausto palestino. La transgresión de todos los límites y líneas rojas que surgieron de la post guerra mundial es lo que viviremos en adelante.

Las necesidades del “nuevo mundo” se traslucen en las grandes similitudes discursivas entre Trump y Netanyahu de un lado y Bolsonaro o Milei del otro. Paralelamente, vemos diferencias en su operatividad económica. Aparecen como proyectos económicamente distintos, pero solo es la sincronización de las necesidades del capital de acuerdo al lugar que los países ocupan y la función que tienen asignada por los países centrales. Pragmatismo.

Lo que tienen en común es la cuestión ideológica de base en la que se inscribe la batalla cultural. Un embate contra la democracia burguesa que antes le fuera útil al poder y hoy les resulta obsoleta para la nueva organización económica.

El sionismo, como el nazismo, se apoyan en la superioridad racial o el pueblo elegido, pero son ambas supremacistas. Eso es lo que abonó la cooperación judeo-alemana durante la segunda guerra mundial. Si, parece sorprendente porque es una realidad escondida por los sionistas desde hace décadas. El Congreso de la Organización Sionista Mundial de 1933, rechazó por 240 votos contra 43 una resolución que llamaba a actuar contra Hitler” (Ralph Schoenman, Historia Oculta del Sionismo) https://www.marxists.org/espanol/tematica/palestina/documentos/schoenman/historiaocultadelsionismo.pdf

“La Federación Sionista de Alemania envió un memorándum de apoyo al Partido Nazi el 21 de junio de 1933. El mismo señalaba: ‘…un renacimiento de la vida nacional como el que se da en la vida alemana… debe tener lugar también en el grupo nacional judío. (Alicia Sagra) https://litci.org/es/sionismo-no-es-sinonimo-de-judaismo/?utm_source=copylink&utm_medium=browser

Pero volvamos. La adhesión de Milei al sionismo es clara. Desde la expresión de “Las fuerzas del cielo” hasta sus repetidos viajes a Israel. El sionismo no tiene que ver con la religión judía. Hay sionistas cristianos, en especial muchas de las iglesias pentecostales. Ellos creen que la segunda venida de Cristo se dará sólo si Israel existe. La proximidad de Bolsonaro y de Milei a los pentecostales que, sin duda, operan en política con paraguas teológico, explica su apoyo en forma irrestricta a Israel en su genocidio palestino. Tal y como muchas iglesias pentecostales.

Por añadidura más de un tercio del Partido Republicano en EEUU este compuesto por cristianos sionistas. Y Milei responde a sus mandatos como lo muestra, por ejemplo, el reciente Decreto 486/2025, que dispone la habilitación para que las organizaciones religiosas no católicas puedan administrar sus bienes y libros contables sin tener que inscribirse como asociaciones civiles o fundaciones, instando además a las provincias a que adecuen su normativa local.

Es ocioso explicar que el sionismo no tiene nada que ver con el judaísmo o la religión judía. Es un proyecto político de dominación que se apoya en conceptos supremacistas, utiliza el holocausto judío, pretende identificar el anti sionismo con antisemitismo y justifica sus acciones criminales mostrándose siempre como víctimas.

Los mecanismos de propaganda, la siembra constante del odio, su consecuente desprecio por los derechos humanos y sus aspiraciones de dominación, son un apropiado marco para el desarrollo de un sistema político acorde a las necesidades del capital financiero en la actual etapa de desarrollo capitalista. Instala un verdadero sistema de apartheid en el cual los sectores dominados pueden ser palestinos, trabajadores, jubilados, migrantes, latinos, negros, pueblos originarios o cualquier sector social que resuelvan apartar de “los hombres de bien” porque no respetan a las “fuerzas del cielo”. Es el marco de referencia del desmantelamiento de derechos como el aborto, de los homosexuales, del matrimonio igualitario, discapacitados y hasta de la salud y la educación para las mayorías populares.

El nazismo fue el proyecto de una burguesía concreta. La diferencia es que el sionismo es una matriz ideológica que se impone rupturista en consonancia con los intereses financieros globales y las poderosas herramientas digitales de control social.